Entre "Imasúmac", La Breña y "Aves sin Nido"
CLORINDA MATTO DE TURNER Y LA AURORA DEL "INDIGENISMO"

Reservista César Torres

El "indigenismo" entendido como la simple conmiseración por "el pobre indio" está a años luz del Etnonacionalismo. Sin embargo, cabe señalar que en su desarrollo desde el incipiente "Padre Morán" (1848) de Narciso Aréstegui, que sin dejar de ser loable ve el "problema del indio" desde afuera, hasta Arguedas, Valcárcel o Gamaliel Churata, en los que existe identidad plena y son ya precursores del Etnonacionalismo, hay un proceso de concientización que tuvo su gran motor en un acontecimiento social que convulsionó al país: La Campaña de la Breña de los victoriosos ejércitos indios que remecen la putrefacta institucionalidad criolla.
En esa "remecida etnocultural" Clorinda Matto de Turner cumplió un rol descollante.

LA "HEREJE"
Clorinda Matto Usandivares nació en Paullu, provincia de Calca, Cusco, en 1852. Desde los primeros años de su adolescencia colabora en distintos periódicos de la zona con artículos costumbristas a manera de tradiciones. En 1871 se casa con el inglés John Turner.
Lo que marcó a Matto de Turner fue su contacto directo con la población andina "tributaria por descender de los Inkas" y haber visto la trágica situación a que eran sometidos por "aquellos mandones de villorrio, que, si varían de nombre no degeneran siquiera el epíteto de tiranos. No otra cosa son los curas, gobernadores y alcaldes".
Si bien su defensa de la población andina tiene un aire "maternal", esto no es del todo criticable si tenemos en cuenta el contexto en que se ubicó: hasta antes de ella la literatura de "la República Independiente" sólo había considerado al indio como objeto decorativo, en el mejor de los casos, o sino como ser inferior, de una raza "degenerada". En cambio, en la obra de Matto cobra protagonismo y dignidad para denunciar su situación, inspirada en la Resistencia de la Breña que le tocó vivir junto a la esposa del "Tayta", Antonia Moreno de Cáceres.
Su perseverante actitud "etnona-cionalista", que entonces implicaba herejía, en la medida que también cuestionaba la nefasta acción de la Iglesia en los andes ("curas tiranos discípulos de Valverde"), y en momentos en que nadie se atrevía a escribir sobre ello, pues le valió la excomunión, y sus libros fueron quemados en la plaza del Cusco por atentar contra el orden social "Occidental y Cristiano".

"EXPULSAR A LOS INVASORES"
Desde el inicio de la guerra con Chile, ella como ferviente patriota, colabora decididamente con su amigo Cáceres, y en la campaña de la Breña se le oye dirigir discursos alentadores en kechua a las tropas del Tayta.
Es además en esta etapa, trágica para el país y para ella (por la muerte de su esposo), en la que escribe una de sus más importantes obras, "Ima Súmac": obra teatral que centra su mensaje en la "necesidad de expulsar a los invasores" y redefinir la identidad nacional en alusión directa a la ocupación de los chilenos, que salieron del país apenas meses antes del estreno de Ima Súmac en Arequipa.
En la trama en la que se conjugan tiempos pasados y presentes, Ima Súmac actúa como heroína de la resistencia indígena a la presencia invasora, y como héroe de su drama y prometido de Ima Súmac, Matto escogió el símbolo más famoso de la resistencia andina: Túpac Amaru.
Ima Súmac, dice Matto, "recuerda una de las épocas gloriosas para el Perú que subyugado por el poder castellano tuvo la inspiración de libertad en el cerebro de Túpac Amaru."
Ima Súmac tiene un final trágico y esperanzador a la vez, donde se aprecia el contraste en las motivaciones del enfrentamiento entre extranjeros y nativos: Túpac Amaru y sus seguidores son ajusticiados, mientras la heroína y su familia son torturados para que revelen la ubicación del tesoro de los incas, pero al negarse mueren en el suplicio. Ima Súmac muere segura que "los que vienen sabrán, como nosotros, que no es el oro la felicidad de este mundo. Nuestro padre Sol alumbrará alguna vez el día en que nuestros verdugos caigan bajo la bandera de la patria liberada por los nuestros, y que la gloria incaica, brille nuevamente".

"FICHADA" POR ETNOCACERISTA
Luego de Ima Sumac (1889) publica su más famosa obra, "Aves Sin Nido", que según sus palabras quiso que sea "la fotografía que estereotipe los vicios y virtudes de un pueblo con la consiguiente moraleja correctiva."
Atento a esta finalidad, el entonces Presidente de la República, Andrés A. Cáceres, escribió a su amiga, Clorinda Matto, una carta publicada en "El Perú Ilustrado" el 3 de mayo de 1890, para expresarle que "ella había descrito con exactitud de encomio lo que ocurre en la sierra y que yo, en mi larga peregrinación, he podido observar y algunas veces hasta reprimir".
Esa audacia "etnonacio-nalista" reconocida por su gran amigo, el "Tayta" Cáceres (de quien llegó a escribir una biografía) hicieron que, Piérola -Presidente en 1896- la hiciera "fichar" como subversiva cacerista. Clorinda fue expatriada y forzada a peregrinar por varios países, hasta que fallece en el exilio en 1909, en Tucumán (Argentina).
Algo importante de la obra de Matto, a pesar de sus carencias, es que, es un claro ejemplo de cómo la literatura puede contribuir a una auto-exploración de nuestra realidad y por consiguiente a la transformación de la misma, siempre y cuando tenga visión crítica del "(des)orden establecido".

Monumento a Pizarro: dicen que "suficiente con la bestia" (el caballo)
LOS "13 DEL GALLO" NO TIENEN QUÓRUM

Garcilaso de la Vega - Comentarios Reales de los Inkas (siglo XVI).-

No pretendemos determinar si la rebautizada ciudad colonial conocida como "Ciudad de los Reyes", debiera o no seguir rindiendo homenaje público a la figura de "su" conquistador, siendo como sería el único país en donde se ha hecho tamaña estupidez. Ni tampoco decidir si el retiro de tan polémica estatua de lo que conocemos como "Plazoleta Pizarro" haya sido por un afán político "reivindicativo de parte de nuestros gobernantes para con nuestra cultura" o que sólo se trataría de una reubicación meramente arquitectónica como también se ha dicho. Simplemente demostraremos que la huachafería cultural criolla no tiene límites.

Eran de esperarse las declaraciones que tras la consumación de los hechos ("Traslado", no derribamiento con soga y banda, de la estatua del supuesto Pizarro), "entre gallos y medianoche", han manifestado "eminentes intelectuales", como el historiador Del Busto, el "marqués" Amprimo, o el "corregidor" Xavier Barrón o la del "visitador" Juan Ossio, o la del "areche" Jorge Barba, etc.; en el sentido de que están en desacuerdo con tal medida ya que atenta contra la "identidad hispánica del que todos somos herederos".
O como el mismísimo Del Busto dijo: "Somos descendientes de 2 grandes analfabetos: Pizarro y Pachakutek".
Vaya frase analfabeta de tan distinguido historiador.

STREAP TEASE POR LA "MADRE PATRIA"
Cualquiera entiende mínimamente que la conquista fue un genocidio étnico, y que Pizarro fue un analfabeto de su cultura, mas Pacha-cútek lo fue de la cultura invasora, no de la propia.
Vaya comparaciones. Sencillamente estos "intelectuales" no se sienten identificados con nuestra cultura ancestral. Se calatearon. Viven "copiando y mirando" hacia el espejismo extranjero.

EL "OSCAR" A LA RIDICULEZ
Pero, el asunto a que nos referimos aquí, y que lo subraya muy bien desde hace 30 años el historiador José Gamarra Puertas, es que sencillamente la mencionada y polémica estatua de bronce no es Pizarro.
En su fructífera investigación, el citado historiador Presidente de la ANEA, demuestra que la mencionada estatua fue trabajada por el escultor norteamericano Charles Cary Rumsey, a inicios del s. XX. La presentó en una exposición en Panamá con el nombre de "Hernán Cortés" en donde los orgullosos mexicanos la rechazaron. En 1930 una delegación de Trujillo de Extremadura logra convencer a la viuda ya del escultor a que donase la estatua a su municipio. En 1934, el alcalde de Lima (Luis Gallo Porras) igualmente envía una delegación y logra convencer a la viuda de Rumsey para que hiciera un "duplicado" para Lima.
Aquí todos los principales "señorones limeños" lo reclamaban. Era un símbolo importante para la Ciudad Virreynal tener a su Pizarro para el cuatricentenario (1935) de fundación española. Desde entonces la pusieron en el atrio de la catedral (al igual que en Trujillo de Extre-madura) hasta que Odría, en 1952, la retiró hasta el lugar en donde ha estado últimamente.
Además, desde el punto de vista artístico, demuestra el Lic. Gamarra, que el animal (no nos referimos al jinete) no es un caballo sino una yegua. Y que las características del jinete son las de un noble francés medieval del s. XIV (Pizarro es un soldado del s. XV); el animal no es de combate sino del deporte de polo, etc. Es decir, la estatua de Pizarro es más falsa que Paquisha.
Y este engaño data desde hace décadas, como una muestra más de lo ridículo que pueden ser nuestros cucufatos criollos al improvisar una estatua para la celebración de la "fundación" de Lima (1935).