Cuando los pizarristas se comieron hasta el calzoncillo...
1536: EJÉRCITO ETNONACIONALISTA CERCA LA CIUDAD DE LOS REYES

Cuatro años después de la emboscada de Cajamarca y secuestro de Atahualpa, la situación hispana era aún precaria. La Guerra de Liberación Nacional liderada por Manco Inka, había destrozado 5 ejércitos europeos en la Sierra Central y encima sus huestes cercaban las ciudades del Cusco y Lima. Encargado del cerco a la "Ciudad de los Reyes" fue el Gral. Kisu Yupanqui.

FUERTE APACHE EN EL RÍMAC
A mediados de 1536, la situación de los agresores era desesperada. Pizarro después de haber pedido infructuosamente auxilio a las fuerzas españolas afincadas en Panamá (que sirvió de Base de Operaciones o Cabecera de Playa para la invasión continental) y ordenar que el "Maese de Campo" (como entonces se denominaba a los generales) Alonso de Alvarado retornara con su Ejército a Lima, comprendió la gravedad de la situación.
Alvarado se encontraba a más de mil kms. de distancia (o sea a un mes de marcha) al mando de unas FFAA compuestas por 850 europeos (360 de caballería, 460 infantes y 30 artilleros), 14 piezas de artillería, 760 esclavos negros y 5 mil indios cañaris aliados, incursio-nando contra los chachapoyas partidarios del "insurrecto" Gral. atahualpista Kiskis.
Conciente -Pizarro- que "toda la tierra estaba alzada", ante la proximidad de las fuerzas inkas que descendía por los valles del Rímac, Chillón y Lurín, dispuso que las mujeres fuesen embarcadas en los bergantines acoderados en el "novísimo" puerto del Callao y que todos los varones (en analogía al Fuerte Apache de Rintintín y del Sgto. O'Hara) estuvieran "prestos para defender la Ciudad de los Reyes del furor de los indios".

EL APU DEL RÍMAC
A fines de Setiembre de ese año, Kizu Yupanki al mando de 20 mil hombres, emprendió, desde el valle del Mantaro, la marcha sobre Lima. Según versión del cronista Murúa, las FFAA Inkas la cercaron por 3 frentes: Por el norte llegaron los contingentes de Tarma, Huánuco, Yanahuanca y Huaylas al mando del Gral. Illatopa; por el sur, pasando por el adoratorio de Pachacámak, equivalente a un "Vaticano Incaico" (recientemente destruido por Hernando Pizarro), incursionaron las huestes provenientes de Angaraes, Huaytará, Yauyos y Huancavelica al mando del Gral. Huacra Páucar; luego por el eje central del Rímak avanzó el propio Kisu Yupanqui. Todos juntos fueron a acampar en las laderas del orcco (cerro) considerado "apu" tutelar del valle del Rímak desde tiempos inmemoriales anteriores a la incorporación al Tahuantinsuyo.
Meses después, luego de desacti-vado el cerco etnonacionalista, los extranjeros rebautizarían aquel orcco con el nombre de "San Cristóbal".

INDIOS CONTRA INDIOS...
Pero los españoles que sumaban entonces unos mil quinientos, alertados con anticipación de los planes del Inka por Mama Kúntur Huacho, madre de Inés Huaylas, la "amante de Pizarro", habían logrado el apoyo de los curacas comarcanos. Más aún -refiere Raúl Porras- la propia Kúntur Huacho, a quien llamaban "la suegra de Pizarro", acudió con más de 5 mil hombres para defender la ciudad. De manera que como en el Cusco, los españoles contaron con el resuelto apoyo de millares de hombres de guerra nativos, además de los esclavos negros que siempre acostumbraban llevar, según se desprende de las crónicas de entonces.
Una de las víctimas heroicas de aquel asedio a la ciudad, fue la Kolla Kori Sarpay, una de las más distinguidas hijas de Huayna Cápak, quien delatada de entenderse con las fuerzas etnonacionalistas, fue ejecutada por orden de Pizarro.
El cerco a la ciudad duró casi 2 semanas.

KISU YUPANKI
Según un relato anónimo de 1539, al 6to. día de asedio el Gral. Kisu Yupanki, después de una proclama a sus fuerzas diciéndoles que "arrojarían a los barbudos al mar o morir en el intento", el ejército Inka enarbolando estandartes y unanchas de guerra y al tronar de pututos y tambores, reinicio el ataque. A la cabeza iba el mismo Kisu Yupanki. Infortuna-damente, cuando "ya comenzaban los indios a entrar por las calles", refiere la indicada versión, "salió a embestir la caballada y dieron en ellos con tan buena disposición, que como la tierra era llana y los muros impedían el escape, en un punto los desbarataron, y allí quedó muerto el capitán inka no sin antes derribar al jinete que le acometió, y junto con él cuarenta orejones, y causóle que, como venían delanteros, fueron los primeros en quien rompió la carga de caballería". Así murió heroicamente el legendario Kizu Yupanqui, terror de las sierras centrales, y "quien envió 300 cabezas de españoles y 400 cueros de caballos como trofeos al inka".

PRECURSORES DE LOS AVELINOS
Si bien el cerco continuó por algunos días más, al final tuvieron que desactivarlo los capitanes inkas, pues el fuego de los arcabuces ("illapa"/rayo) y las bombardas de la artillería ("hatun illapa"/gran rayo) se incrementaba cada día más: Era que los refuerzos comenzaban a llegar de Panamá. Pero lo más grave era que el Ejército Invasor, de Alonso de Alvarado, ya se encontraba acantonado en "La muy Leal y muy Noble Ciudad de los Caballeros de León de Huánuco", o sea a 8 jornadas de marcha. Ello hacía peligrar la retirada y los sitiadores podían convertirse en sitiados. Se ordenó el repliegue.
Por otra parte, aquel Ejército Campesino urgía licenciar a sus tropas, pues llegaba la temporada de siembra, vital en aquellos tenebrosos tiempos de guerras, pestes y hambrunas, que desde la guerra civil incaica, ininterrumpidamente durante 12 años asolaba al Tahuantinsuyo, habiéndole arrasado todas las reservas de alimentos guarnecidas en los Tambos y Kolcas.
El Gral. Illatopa se retiró por el valle del Chillón, internándose a las serranías de Huamalíes en donde prosiguió la Resistencia de la Breña, precursora de los avelinos de Cáceres, durante 15 años, hasta su muerte. El Gral. Páucar Huamán, a su vez, siguió el camino inka de Huarochirí, de donde enrumbó hacia las punas de Huanta para internarse a las selvas de Vilvabamba en donde, años después, se le reuniría a Manco Inka, en una nueva etapa de la Guerra de resistencia Etnonacionalista, que finalizaría, 30 años después, con el fin de la dinastía de los Inkas de Vilcabamba, en la ejecución de Túpak Amaru I, tatarabuelo de José Gabriel Kunturcanki.

"Dios, sálvanos del furor de los indios, que justo es de temer cuando pueden efectuar su deseo" - Gomara

5, 6 y 7JUNIO DE 1880: TRAIDORES Y COBARDES en ARICA

CASO PERUANO: BELAÚNDE
Dentro de las páginas de deshonor militar, felonía y cobardía, es preciso mencionar un hecho amargo para los peruanos: La tarde del 4 JUN 1880, al convocar Bolognesi a la Junta de Guerra para decidir la suerte de la Plaza, hubo "unanimidad menos 1" en sacrificarse por el Honor Nacional. El "1" fue el Crl. Agustín Belaúnde quien inclusive propuso la rendición incondicional, siendo mirado con desprecio por todos sus compañeros. Tres días después se acercó al Jefe de la Plaza el My. Salvo, parlamentario chileno, a quien Bolognesi le ratifica la decisión, convocando a una nueva Junta de Guerra. En esa nueva Junta la unanimidad recién se dio en verdad, pues Belaúnde había huido la noche anterior.
Años después se afilió al Partido Demócrata de Piérola y fue elegido Diputado por Tayacaja (1905), en una ocasión visitó Tacna ocupada, al ser reconocido por el Pueblo, fue casi linchado. Tuvieron que intervenir los carabineros chilenos ocupantes para salvarle la vida.
Triste epitafio para un traidor.

CASOS CHILENOS: CASTRO Y ORTIZ
Por el lado Chileno hubo cobardía. Tenían convencimiento de su superioridad numérica (6 a 1), pero tenían la experiencia de la Batalla del Alto de la Alianza. Ahí, en esa batalla, que fue una de las más sangrientas de toda la guerra, los chilenos muertos sobrepasaron a los nuestros, pese a que su superioridad numérica fue de 2 a 1 (21,000 chilenos Vs. 11,000 aliados peruano-bolivianos). Y pues, en Arica, la mole del Morro conjugada con la férrea determinación de Bolognesi, les era angustiante.
Al resultar infructuosas las ofertas chilenas para rendir la Plaza, el coronel chileno, Lagos, en su Plan de Ataque designa al Regimiento 3ro. de Línea, bajo el comando del Crl. Ricardo Castro para atacar "La Ciudadela" defendida por el Crl. Peruano Justo Arias Aragüez, conocido como el "León de Tacna".
Iniciado el toque de ataque, el Cmdte. Gral. Chileno se percata que "el 3ro. de Línea no se movía de su sitio". Comprendiendo la cobardía del jefe de aquel Regimiento, Lagos envía a su ayudante, el cap. Belisario Campos a "asegurarse" que ese Jefe cumpla la orden. Al llegar y observar "el terror dibujado en el rostro del Crl. Castro", el capitán sugiere que tomen el mando los oficiales subalternos encabezados por el Cmdte. José Gutié-rrez y su lugarteniente. Asumen pues, ellos (aunque tarde), la conducción de las operaciones.
Caso similar es el del Cmdte. del Regimiento Chileno "Buin", Crl. Luis Ortiz. Este recibió la orden de atacar los "Fuertes del Este" del Morro, además le informaron que "probablemente esté minado". Y el coronel chileno se negó a atacar. Y no atacó.
Estos casos son los que trascendieron y no pudieron ser ocultados. Se sabe que hubo numerosas deserciones chilenas en grados inferiores, como fiel reflejo de la reunión de un grupo de forajidos (chilenos) y una mesnada de mercenarios (ingleses), cuyo único objeto era apoderarse de lo que encontraban como aves de rapiña, sin honor ni gloria. La historia, con la majestad de la distancia comienza a hacer justicia a los verdaderos combatientes. Arica es emblema de grandeza que dimos al mundo, que solo podrá ser recuperada por tropas etnocaceristas.

"El Cmdte. chileno don Ricardo Castro no desplegó sus labios para ordenar ¡Ataque!, un miedo sucio, vergonzoso y difícil de narrar lo dominó por completo. Fue inútil que algunos subordinados le increparan su conducta. "No sea Ud. Cobarde, no enlode sus galones so..." le apostrofaron. (...) Dos jefes hubo a quienes tomó la flaqueza y cobardía ante los peruanos. Y no estuvieron a la altura del deber y del nombre de nuestro Ejército: El Cmdte. Del Buín y el del 3ro. de Línea. (Hist. Chileno Molinari: "La campaña de Tacna y Arica - Santiago, 1887).