Redescubriendo la religiosidad ancestral
CRUZ, CORDERO Y CAPACCOCHA

Antauro Humala Tasso

Entre la Cruz Cristiana y la poco estudiada "Cruz de Jaspe" andina "...que había tantos siglos que la tenían en veneración..."(1) puede advertirse una similitud muy bien aprovechada por el catolicismo. Se percibe en el cap. XXXII (2da parte) de los Comentarios Reales (libro 1ro.), la sorpresa hispana al encontrar gran cantidad de "cruces andinas" en la ciudad del Cusco que, según ellos, eran de origen estrictamente occidental (atribuidas a un tal San Bartolomé); origen que se envolvía en un halo de milagros que "providencialmente" se iniciaron desde el desembarco extranjero en los esteros de Tumbes.
Ante promoción tan tendenciosa, es necesario recurrir a la investigación de Carlos Milla ("Génesis de la Cultura Andina"), en la que se explica el significado primordial que tenia la Cruz del Sur en la cosmogonía ancestral de nuestros antepasados, y la subsecuente importancia en la liturgia y culto nativos.

DOMINAR EL TIEMPO
El génesis cultural del hombre conlleva la respectiva explicación cósmica en función a una mística que también contenía algo de ciencia, como es la observación de los astros, o sea la astronomía. Era necesario el conocimiento del "cronos" (tiempo) para que los sacerdotes-astrónomos caIculasen el ciclo agrario. Se hacia indispensable referir el tiempo, "calendarizarlo", surgiendo desde Stonehenge hasta el Intihuatana ("ata al sol"), los calendarios lunares y solares que han derivado en el vigente Calendario Occidental Gregoriano.

DAVID Vs. CHAKANA
A su vez, aquella referencia "sideral" difería conforme el sacerdote-astrónomo la "observara", ya sea desde el Hemisferio Norte o desde el Hemisferio Sur. En el primero es rector la estrella Polar (o "Estrella de David") y en el segundo lo es la Cruz del Sur ("Chacana").
Para una cultura "sureña" y agraria como la andina, la trascendencia de la constelación denominada "Cruz del Sur" fue central en su religiosidad y ciencia ancestral. El cronista aymara Pachacuti Yamqui Salccamay-hua, grafica el "altar" del Korican-cha colocando como símbolo superior a la Chakana, y a su diestra al Inti y a su siniestra a la killa, representando virtualmente lo que hoy constituyen "en versión cristiana" las cruces de la festividad andino-católica del mes de Mayo: "La colonización española tomó luego ese ritual y lo asoció con la cruz cristiana, con cantos y rituales dedicados a la vida de quien padeció en ella y perpetuó su existencia simbólica como culto universal cristiano" (Carlos Milla).

EL INFANTICIDIO RELIGIOSO FUE UNIVERSAL
Respecto al otro gran símbolo cristiano, el "cordero (de Dios)", en cuanto ofrenda purificadora se vincula con la denominada "Capaccocha" andina en cuanto ofrenda infantil a Dios.
El vocablo kechua "capacco-cha" se traduce como "gran lago". Para Freud el agua hace referencia al líquido amniótico fetal. Sea cual sea la real denominación del sacrificio infantil, en verdad constituye un recurso sagrado propio de cierto nivel cultural de la humanidad y por consiguiente universal:
Tenemos al "Cordero Pascual" cuya sangre untada en las puertas de los hogares judíos "avisó" al ángel vengador enviado por Yavhé, de solo ingresar a los hogares egipcios, en aquella 7ma. plaga bíblica. Efectivamente, el Cordero Pascual se relaciona con el sacrificio de los niños-primogénitos egipcios. Por otra parte San Juan Bautista llama a Cristo "Cordero de Dios" y, al igual que en el Apocalipsis, simboliza inocencia, pureza y sumisión.
Esos sacrificios contiene pues, similar simbología que la Capaccocha Andina, y si remontamos más atrás; encontraremos en el sacrificio del infante Isaac por su padre Abraham, en el momento crítico substituido por un cordero, la más clara estructuración de una "Capacco-cha Hebrea" y también occidental; como testifica el sacrificio de Ifigenia por su padre Agamenón (en el momento critico, como en el caso de Isaac, también substituida por un animal).
Esto revela que el simbólico holocausto del Cordero de Dios durante la Eucaristía (Misa): "He aquí el cordero de Dios que quita los pecados del mundo", que anuncia el cura al colocar la hostia en la boca de los comulga-dos, al contemplar conjuntamente con el vino la ofrenda-comunión del cuerpo y sangre de un Cristo que en su infancia estuvo a punto de ser sacrificado por Herodes, contiene una referencia de fondo coincidente para la "grey cobriza", por su primigenia crudeza de sacrificio infantil (capaccocha) y que solo difiere en su "substitución" con el holocausto purificador del cordero blanco por el auquénido negro, practicado por el clero andino según refieren Huamán Poma y Garcilazo.
Entre la Cruz Cristiana y la poco estudiada "Cruz de Jaspe" andina "...que había tantos siglos que la tenían en veneración..."(1) puede advertirse una similitud muy bien aprovechada por el catolicismo. Se percibe en el cap. XXXII (2da parte) de los Comentarios Reales (libro 1ro.), la sorpresa hispana al encontrar gran cantidad de "cruces andinas" en la ciudad del Cusco que, según ellos, eran de origen estrictamente occidental (atribuidas a un tal San Bartolomé); origen que se envolvía en un halo de milagros que "providencialmente" se iniciaron desde el desembarco extranjero en los esteros de Tumbes.
Ante promoción tan tendenciosa, es necesario recurrir a la investigación de Carlos Milla ("Génesis de la Cultura Andina"), en la que se explica el significado primordial que tenia la Cruz del Sur en la cosmogonía ancestral de nuestros antepasados, y la subsecuente importancia en la liturgia y culto nativos.

La fiesta principal del Sol y cómo se preparaban para ella
QOSCO: INTI RAYMI

Garcilaso de la Vega - Comentarios Reales de los Inkas (siglo XVI).-

"...Este nombre Raymi suena como Pascua o fiesta solemne. Entre 4 fiestas que solemnizaban los Inkas en la ciudad del Qosco, que fue otra Roma, la solemnísima era la que hacían al Sol en Junio, que llamaban Inti Raymi o "Pascua solemne del Sol". Celebraban así el solsticio de Junio.
Hacían esta fiesta al Sol en reconocimiento de tenerle y adorarle por sumo, solo y universal Dios, que con su luz y calor criaba y sustentaba todas las cosas de la tierra y en reconocimiento de que era padre natural del 1er. Inka, Manco Cápac, y de la Koya Mama Ocllo Huaco, enviados a la tierra para el beneficio universal de las gentes, por estas causas era solemnísima esta fiesta.
Llegaban a ella todos los capitanes de guerra, ya veteranos, y los que no estaban ocupados en la milicia y todos los curacas del Imperio; no por precepto que les obligase a ir, sino porque ellos holgaban de hallarse en la solemnidad de tan grande fiesta. Y cuando los curacas no podían ir por estar impedidos de vejez o enfermedad, enviaban a ella a sus hijos y hermanos. Presidía la fiesta el mismo Inka, no impidiéndoselo ni la guerra forzosa o alguna visita al Reino.
Hacía el Rey las primeras ceremonias como Sumo Sacerdote, que, aunque siempre había un Wíllak Uma de la misma sangre, en esta fiesta, por ser particular del Sol, hacía las ofrendas el mismo Inka, como hijo primogénito de ese Sol.
Los curacas venían con sus mayores galas: unos traían vestidos chapados de oro y plata, y guirnaldas de lo mismo en las cabezas, sobre sus tocados. Otros venían ni más ni menos que pintan a Hércules, vestidos con piel de otorongo y la cabeza encajada en la del indio, porque se precian descender de éstos, los indios del Antisuyo.
Otros venían con grandes alas de Kúntur (Cóndor). Son blancas y negras, y tan grandes que muchas llegan a quince pies, de punta a punta en vuelo; porque se jactan descender y haber sido su origen de un Kúntur, dichos curacas de las sierras.
Otros traían máscaras de las más feroces figuras, y éstos son los yungas. Entraban haciendo ademanes y visajes de locos, para lo cual traían en las manos flautas y tamborines.
Otros curacas venían con otras diferentes invenciones de sus blasones. Traía cada nación sus armas: unos traían arcos y flechas, otros lanzas, dardos, boleadoras, porras, hondas y hachas de asta corta para pelear con una mano, y otras de asta larga para combatir a dos manos.
Traían pintadas las hazañas que en servicio de los Inkas habían hecho; traían grandes atabales y trompetas, y muchos músicos que los tocaban; en suma, cada tribu venía lo mejor arreada que podía, procurando cada una aventajarse de sus vecinos.
Preparábanse todos, para el Raymi, con ayuno riguroso, que en 3 días no comían sino un poco de maíz blanco, crudo, y unas pocas infusiones de yerbas que llaman chúcam. En todo este tiempo no encendían fuego en toda la ciudad, y se abstenían de dormir con sus mujeres.
Pasado el ayuno, la noche antes de la fiesta los sacerdotes designados para el sacrificio, entendían en apercibir las llamas que se habían de sacrificar y las demás ofrendas. Todo lo cual se prevenía sabida la gran cantidad de gente que a la fiesta llegarían, porque de las ofrendas habían de alcanzar para todos, no solamente para curacas y embajadores, sino también para los parientes y vasallos de todos ellos.
Las vírgenes del Sol entendían aquella noche en hacer grandísima cantidad de una masa de maíz que llaman zancu; hacían panecillos redondos, del tamaño de una manzana común, y es de advertir que estos indios no comían nunca su maíz amasado y hecho pan, sino en esta fies-ta. Los otros días lo comían tostado.
La harina para este pan, principalmente lo que el Inka había de comer, la molían y amasaban las vírgenes escogidas, y estas mismas guisaban toda la demás vianda de aquella fiesta; porque el banquete más parecía que lo hacía el Sol a sus hijos que sus hijos a él; y por tanto guisaban las vírgenes, como mujeres que eran del Sol...".