Derivados "santos" de la guerra de resistencia incaica
ESCLAVOS, CRISTO MORADO Y TAKI ONKOY

Antauro Humala Tasso

Es sintomático que los únicos "santos" en un país cholo sean una blanca y un mulato. Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres. No existe un "representante" cobrizo. Esto sugiere que el catolicismo se enraizó más en el esclavo negro que en el siervo indio. El primero llegó, ya "convertido", acompañando a sus amos blancos en la guerra de conquista. El segundo, culturalmente más sólido, fue descalificado como "des-almado" (o en el mejor de los casos "sujeto a tutela") precisamente por quienes venían a "convertirlo". Entonces podemos convenir que la influencia africana en el "catolicismo colonizador" impuesto en territorio incaico, no fue discrepante, sino sumisa. No puede decirse lo mismo de la influencia andina, que desde esa perspectiva es "maligna" en la medida que adscribe formas alternas e inclusive opositoras al culto católico, apostólico y romano.

TAKI ONKOY Y VILCABAMBA
El Taki Onkoy tuvo su epicentro en Ayacucho de 1565 y fue liderado por un "huátuc" (sacerdote incaico), el curaca Chokne de Laramate, acompañado de 3 "laycas" (sacerdotisas) indias mimetizadas bajo el seudónimo de "marías". Dicho movimiento de resistencia religiosa era conjuntamente con la resistencia militar de los Inkas de Vilcabamba (Manco Inka y su descendencia), las dos caras de una misma moneda.
Si consideramos que la "frontera" con el Inka era la ceja de selva de Huamanga o "San Juan de la Frontera", entonces el mensaje reivindicativo de "Resurrección de las Huacas" propugnado por el Taki Onkoy tuvo que ser coordinado desde el refugio "subversivo" de Vilcabamba por los remanentes del Clero Incaico refugiado ahí. Se evidencia pues, su carácter opositor.
"Oposición" que por otra parte era mínima en el ya desarraigado, de su África natal, elemento negro, cuyo panteísmo primitivo si bien es cierto lograría desarrollarse en el Caribe y Brasil (por factores demográficos así como por el tenue desarrollo cultural de los aborígenes) dando lugar a la "Santería" y al "Vudú", no pudo desarrollarse en los Andes a causa de su ínfima representatividad demográfica ante un panteón andino robusto y numeroso, "amén" de la ralea politeísta de santos católicos que ante una coyuntura de "Guerra Santa y Étnica" -como fue la conquista- se tomó ultracelosa de su doctrina.

GÉNESIS DE UN COMPADRAZGO
En un continente que les era tan extraño como a sus amos blancos, la actitud del esclavo afro tenía que ser, en el fragor de aquella "Guerra (etno)San- ta", plenamente pro occidental. Lo cual, por la relación de propiedad amo-esclavo, así como por su alienada repulsión a los nuevos huma-noides "de color" como eran estos "indios infieles" (ellos, los esclavos negros, "ya eran fieles'), no podía ser de otro modo.
...Por lo que se ve, el génesis del "compadrazgo" Alianza - U data de 5 siglos.
Ante el "peligro común" indio, para amos blancos y esclavos negros no cabía otra cosa que una "solidaridad" que consolidaba la fe en un Dios de imagen y semejanza a los conquistadores, vale decir: sus amos.
A los barbados blancos Pizarro y Cristo, solo los separaban, en esa coyuntura, la armadura lustrada por el esclavo negro.

Los primeros esclavos africanos traídos al continente americano (Panamá), fueron "importados" por Fray Nicolás de Ovando, en razón a la Real Cédula de 1501.

REACCIÓN CONTRASUBVERSIVA
El Taqui Onkoy es debelado luego de varios años y las "3 Marías" cobrizas son, previa exorcización, recluidas a perpetuidad. Ejecutarlas bajo el estigma de "brujería", las hubiese deificado ante una grey cobriza muy poco catequizada, convirtiéndolas en mártires de la fe al Pacha-cámak.
Es pues, en ese siglo (s. XVI), que la contrasubversiva Iglesia Virreynal "reacciona" exaltando las performances "santas" del afro-mulato Martín de Porres así como de la criolla Santa Rosa de Lima. Era necesario contrarrestar aquella "atribución" que disputaban aquellos huá-tucs de Vilca-bamba, y urgía acabar con aquel reducto "infiel" que se perfilaba como potencial Meca Incaica.
En 1572, Vilcabamba cae y Túpac Amaru I es decapitado en la plaza de armas del Cusco.

EL CRISTO MORADO ES CHOLO Y SU AUTOR TAMBIÉN
Setenta años después de la debelación del Taki Onkoy y de la caída de Vilcabamba, surge la veneración a la imagen de un Cristo "de color" no blanco, con el Inti a su diestra y la Killa a su siniestra: elementos que conformaban precisamente la simbología andina del Altar del Koricancha. La tradición hispana conceptúa el imaginario de aquel Cristo "moreno" en función al perfil africano. Dícese que el artista que lo pintó "fue un esclavo angola" de la cofradía de Pachacamilla (Lima - Cercado). Pero analizando la imagen se constata que el crucificado no tiene ningún rasgo negro. Es de tez mestiza; ese mestizaje no es ni mulato ni zambo. La imagen mestiza del Cristo de Pachaca-milla o Señor de los Milagros, tiene de cobrizo y blanco. Cholo de tez y blanco de facción.
Si agregamos los detalles del Inti y la Killa, así como la cadena de montañas que plasman el paisaje de fondo evocando la cordillera andina (parte inferior del cuadro original), entonces existe evidencia para postular que el autor fue indio o mestizo.
Teniendo en cuenta que en ese tiempo la Iglesia fundó en el Cusco y en Lima (específicamente en el Cercado), un colegio para hijos de curacas que conjuntamente con la Casa de Reclusión de Hechiceros tenía por objetivo "...formar a las generaciones indígenas expuestas al contagio de las idolatrías...", entonces se fundamenta atribuir la autoría de aquella imagen a un artista andino, más aún si consideramos que aquel barrio (Pachacamilla) adquirió el nombre por una "reubicación" de indios procedentes del valle de Lurín (Pacha-cámak) que fue sede del epicentro religioso de la región yunga tahuantinsuyana.

El mulato San Martín de Porres, fue hijo del cura mercedario español Martín de Porres en una de sus esclavas negras.

SEMEJANTE EN PINTA Y EN DOLOR
El culto "oficializado" al Cristo de Pachacamilla debe su arraigo popular a la heredad del culto ancestral al Pachacámak.
A su vez, en cuanto máxima expresión "dócil" del elemento afro en el Perú, tenemos la veneración propia de una etnia esclavizada por milenios a un Dios cuyo color, en esta vez "no blanco", les vislumbraba mayor acercamiento. Se trataba de un Cristo que si bien es cierto, hasta entonces, habíase representado exclusivamente por la imagen racial de los conquistadores, espiritualmente por su pasión de sufrimiento era semejanza de negros e indios.
Con la identificación en el Cristo "de color" no blanco de Pachacamilla, independientemente de la autoría, la grey esclava (cada vez más numerosa) de la urbe virreynal se "apropiaba" de una imagen étnicamente cercana, "de color no blanco", que comulgaba su semejanza de dolor espiritual. "Apropiación" facilitada por la despoblación cobriza, particularmente en la costa y singularmente en Lima; lo cual sería la constante demográfica desde que el ejército "infiel" de Kizu Yupanqui levantó su campamento de las faldas del "Orcco" San Cristóbal luego del infructuoso cerco de 1536.
De esta forma, "entre armas y caballos", el amore-namiento del Cristo-Pachacámak se perfilaría como primigenia comunión de todas las sangres.

BUSCANDO EL AVE SIMBOLO DEL ETNONACIONALISMO

Reservista Puka Rumi

Muchos países poseen un "ave nacional" como símbolo de identidad, asumiendo que los valores que se asocian a ciertas aves representan los valores del pueblo al que pertenece el respectivo escudo.
Así, desde la antigüedad las aves rapaces han figurado en 1ra. fila de la recurrencia en escudos. Las repúblicas americanas no son la excepción. Tenemos que Bolivia, Colombia, Chile y Ecuador poseen un cóndor en sus escudos; Guatemala un quetzal; Paraguay, Panamá, USA y México, e inclusive Alemania y Polonia tienen un águila mientras que Australia tiene un Emú.
Vemos que en el área andina se ha asumido al Cóndor como ave emblemática en todos los países menos el Perú, pese a ser esta porción de territorio en donde se desarrolló la más alta expresión cultural nativa. Sin embargo, en el Tawantinsuyu, si bien el cóndor fue respetado por su majestuosidad, fue el halcón (waman) el ave considerada como especie de tótem, y en las culturas costeras fueron el vencejo o aves marinas las más representadas.
Habíamos hablado acerca que se busca en las aves una representatividad para el pueblo que las ubica en sus escudos, y pues, el águila calva norteamericana es floja para pescar por si sola: roba a otras el producto de su cacería, retrata pues a la nación que la tiene por símbolo. Pero ¿y nuestro cóntuoso que querámos, inspira respeto la armonía de su vuelo pero no es un símbolo adecuado, sobre todo si nos induce a obviar nuestro origen selvático.
Fue Julio C. Tello, padre de la arqueología peruana, quien planteó el origen selvático de la cultura andina en contraposición al alemán Max Uhle quien planteaba que la cultura andina provenía de México y que aquí sólo habían "pescadores primitivos". Sin embargo, fue Tello quien creó un error arrastrado hasta hoy: creyó ver en la escultura Chavín, cóndores por doquier, tanto así que han surgido temas de música ("Cóndor Chavín" de Yawar) y símbolos de partidos políticos (APRA) basados en la existencia del cóndor "de Chavín".
Lo cierto es que hay detalles desapercibidos que recién en la década del 70 fueron hechos a notar: los supuestos "kúntur" de la escultura Chavín tienen el pico curvo, el cóndor no; tienen garras curvas, el cóndor no; la cultura Chavín tiene su génesis en la selva, el cóndor no. ¿Qué es pues, lo que se representa en Chavín? Al Águila Arpía Amazónica, cazadora por excelencia, ama de los cielos selváticos, terror de monos y demás habitantes de las copas árboreas, con una envergadura de 2 m., es personaje recurrente en mitos de los "antis".
Si el Águila Arpía es la representada en Chavín, tenemos en ella el ave que simbolizaría nuestra pakarina selvática, aludiría a Chavín y Pajatén como cultura matriz, reivindicaría a los pueblos de la selva y nos daría el emblema de fuerza y decisión que un Gallito de las Rocas (Ave nacional del Perú) con toda su gracia no la da.
El símbolo de un país marca a su gente, desde los tiempos del cazador recolector se identificaban con un elemento natural y creían que de él provenía su energía vital. Ha llegado el momento de invocar fuerza y decisión para sacar a nuestra tierra de la miseria con un Águila Amazónica como símbolo.