Sacramentos del Pachacámak antes que del Cristo
POR UNA IGLESIA TAHUANTINSUYANA "SIN CALCO NI COPIA”

Derivado de la Guerra Santa (Cristo Vs. Pachacámak) que implicó la invasión de los pizarros y almagros, vale decir la confrontación etnoreligiosa occidental-andina, debía surgir un "conflicto sacramental" entre un catolicismo falsificado que obviaba sus propias prescripciones bíblicas y una religiosidad andina inspirada en los 3 "amas" incaicos (Ama súa - Ama llulla - Ama kella) revelada desde el ancestral y milenario culto al Illa Tecse Wiracochanpachayachicachan(1) que en buena cuenta sintetizaba el contenido moral del Decálogo de Moisés (10 Mandamientos). En este informe queremos demostrar en qué consistieron los sacramentos de la religión incaica y como sobreviven, aún, pujantes aunque subterráneos… Hasta que se imponga, con el Régimen Etnonacionalista, la Iglesia Tahuantinsuyana que arrase con ciprianis, valverdes y luques.

LA CONFESIÓN
La política contrasubversiva del Estado Virreynal tuvo mucho de Guerra Santa, ya no contra Alá, sino contra el Pacha-cámak. Y pues, aquella "cristianización" se valdría de la denominada "Extirpación de Idolatrías" vía la infidencia de los frailes hacia el "secreto de confesión". Felonía cuyos antecedentes históricos se remontan al s. XV, época en que el movimiento religioso (de indole protestante) de los "albigenses" (Francia) había adquirido una difusión tremenda en Europa, y conse-cuentemente es combatido por el Papa mediante una "cruzada anti-herética", cuya naturaleza represiva la obligaba a recurrir a la confesión obligatoria y delatora:
"EI obispo debe cada año visitar las pa-rroquias en las que sospecha la existencia de herejes y tiene que obligar a la gente a denunciarlos bajo juramento; quien deniega tal denuncia será tratado como hereje..." (Concilio Laterano/cap. 111)
Téngase en consideración que Túpac Amaru, así como tantos otros, cayeron precisamente por la traición al secreto de confesión.
Aquí conviene observar la diferencia entre las performances del 1er. Obispo de Europa (Pedro) y la del 1er. Obispo de esta parte de América (Valverde): Mientras que el apóstol Pedro representaba en Roma al pueblo sufriente (esclavo) y muere como mártir en defensa de su doctrina libe-radora, Fray Vicente Valverde represen-taba en el Ande al establishment y como antimártir moriría linchado por los martiri-zados nativos de Tumbes, por extirparles, "avisado" por las confesiones, sus cultos milenarios:
"¿Porqué no te cansas de arreba-tamos nuestros ídolos? iLlévate ese cerro si puedes, que es el Dios que adoro...!" (respuesta que dá un indio al jesuita F. Patino en 1648).
El cronista mestizo Blas Valera, refiere que la "confesión incaica" se realizaba a orillas de un río, y que el pecador, acom-pañado del párroco o "huátuc", portaba en la mano un manojo de ichu, y que una vez confesado, luego de recibir golpes de piedra en el dorso, que le propinaba el huátuc, escupían ambos en el manojo que luego se arrojaba al río.

EL BAUTIZO
En el Ande, como en África, Australia o Asia, la imposición del cristianismo (muchísimo antes que las cruzadas) ha contemplado que "el pecado tiene color". Por consiguiente, el bautizo sería referido, aquí, a neutralizar un "pecado original" cuya extensión étnica la degeneraba en una "competencia" en bautizar paganos a diestra y siniestra:
"...Que los dichos padres y curas en tiempos de la conquista, para hacer cristianos a los indios y bautizarlos los metían como carneros..." (Huamán Poma)
Y ajena a la convicción que se percibe en el proceder de Juan Bautista y Jesucristo a orillas del Jordán, hasta vulgarizarse al estilo de un tal San Francisco Javier, quien "lograría" bautizar -en la India- ¡a diez mil niños hindúes en una semana! 1,300 por día. ¡Récod Guiness!
Aquí el fraile mercedario Diego de Porres (padre del mulato San Martín de Porres) afirmó haber bautizado "más de ochenta mil indios..."(2). Es decir, se bautizaba antes que por una mal entendida impureza o pecado original, por la bien entendida impureza de piel.
Lo que llama la atención con respecto al bautismo de los traumatizados niños indios de los primeros años de la conquista (que habían visto morir a sus padres a manos de esos "cristianos"), es que en el Antiguo Testamento no se hace referencia a esto y -peor aún- en el Nuevo Testa-mento no existe pasaje alguno que insinúe que Cristo (que se bautizó a los 30 anos), Juan el Bautista o los apóstoles practica-sen el bautizo infantil. Y no podía ser de otro modo; Cristo, que proclamaba "dejad que los niños vengan a mí, porque de ellos será el Reino de los Cielos", así como "si no os volvéis como niños, no podréis entrar en el Reino de los Cielos", jamás predicó que los niños (paganos o no) "sin bautizar" eran por consiguiente "pecado-res originales" e incapaces de merecer el cielo.
Tito Cusi Yupanqui, hijo de Manco Inca, refie-re que el bautizo andino (además del "chuccha rutuchin" o "cortepelo" de la infancia) consistía "en trasquilarse y horadar-se las orejas..." y que se hacía individual o masi-vamente, tal y conforme describe aquel último bautizo masivo dirigido por el clero incaico acaecido en el Cusco en 1535, a orillas del río Huatanay, y que contó con la asistencia del propio Manco Inka. Entre los miles de bauti-zados aquel día, agrega Cusi Yupanqui, hubie-ron muchos "rebauti-zados" que hablan sido "por la fuerza bautiza-dos por los españoles", tal como denunciaría el clérigo mestizo Blas Valera:
"...Por fuerza y con violencia, sin que pre-cediese enseñanza al-guna, como sucedió en Puná, Tumpis, Cassa-marca, Pachacámak, Rímac y otros lugares, cuando estos predicadores eran soldados y los bautizadores idiotas, y los bautizados traídos encadenados o atados en sarta o manada, con apercibimiento que si levantaban sus cabezas habrían de probar lo que eran las espadas y arcabuces. Déstos que así fueron bautizados aparentaron consentir para que no los matasen como mataron (los españoles) A LOS QUE DECLARABAN SU FE POR PACHACÁMAK..."

LA EUCARISTÍA (MISA)
El "tomad y bebed, este es mi cuerpo, tomad y bebed esta es mi sangre" pronunciada por Cristo antes de repartir el pan y el vino, no es otra cosa que la respuesta cristiana al paganismo de aquella época (judaica, romana, helénica, etc.) cuyo paralelo era el sacrificio de animales que se hacía a los dioses:
"...La carne de estos animales sacri-ficados era vendida en los mercados públicos en calidad de carne de Júpiter, carne de Minerva, etc.; Según los dioses a quienes habían sido sacrificados los animales. Los compradores elegían la carne que más les convenía, creyendo que comiendo esta carne recibían una bendición especial del Dios respectivo y hasta creían entrar en cierta unión con ese Dios mediante aquella car-ne..." (Franz Griese "La desilusión de un sacer-dote").
De esa misma natura-leza venía a ser el sacrifi-cio andino y por consi-guiente la respectiva liturgia (ritual) tenía que expresarse en una "Euca-ristía Andina" que sería descalificada como "de-moníaca" por el intoleran-te clero occidental. Para hacer entendible este aspecto recurramos (en un enfoque de similar naturaleza, pero aplicado revertidamente) a la ima-ginación del arquitecto Carlos Milla ("Génesis de la Cultura Andina") con respecto al "ritual" de la misa católica:
"Tenían los invasores (europeos) muchos tem-plos oscuros y adornados sus altares con el oro que nos robaron. Las paredes estaban llenas de imágenes torturadas y escenas masoquistas y su Dios era un hombre muerto ajusticiado que lo hacían resucitar por extraños ritos de hechicería para ofrecerlo nuevamente en sacrificio a su propio padre. En estas ceremonias tenebrosas, entre todos tos presentes se comían a la victima y se bebían su sangre".
De ésta exégesis tendenciosa, aquel rebaño "de color" cobrizo, cuyos pastores originales hablan sucumbido y seguían sucumbiendo desde Cajamarca hasta Vilcabamba, solo podía (en an-gustia generacional) aguardar un yugo de "santa explotación" de parte de la nueva autoridad político-eclesiástica que asomaban desde los regimientos de infantería, artillería y caballería(3): La Cruz y la Espada. Instituciones "Tute-lares" eminentemente contrasub-versivas

LA EXTREMAUNCIÓN
No obstante su exclusividad para con los bautizados, que además debían haber llegado "a la edad de la razón" (complicado en una población bautizada como ganado y considerada oficialmen-te "sujeta a tutela"), este sacramento ad-portas al "mas allá" y que confiere fortaleza al alma "que se va"… refería un tránsito hacia "otra vida" incompatible con el terrenal planteamiento existencial andino.
Incompatibilidad que le exigía al runa andino-amazónico suprimir la "diabó-lica" devoción vivificadora a las momias de los antepasados, de suma trascen-dencia en una sociedad cuya estructura-ción religiosa no concebía un "más allá" (llámese paraíso, purgatorio, infierno e inclusive limbo) en razón a que sus difuntos seguían en "eI acá" y por consi-guiente considerados, antes que como "meros cadáveres", como individuos en eterna indivisión de alma y organismo (cuerpo, momia o esqueleto).
Subsecuentemente la "salvación" o "condenación" (terminología occidental) no podía constituir premio o castigo "post-mortem", sino (en su adaptación andina) codificada por la reglamentación moral del hombre andino en función a la cosmogo-nía singular de una Cultura Antártica. Este aspecto ha sido ignorado por teólogos y etnólogos. Y pues, requisito para esta in-vestigación es el eximio conocimiento del kechua, para francamente deducir, por ejemplo, si "supay" equivale realmente a demonio, o los "huaypantas" a ángeles, etc...
Si se considera la casi desesperación que tuvieron los españoles por apoderarse de las momias incaicas que llevó consigo -durante 40 años- el último ejército cobrizo que se internó en las selvas de Vilcabam-ba, podemos otear la importancia del culto a los "muertos-individuos" que de alguna manera se verifica en las visitas que hacen en Noviembre los sectores populares a sus muertos, en donde beben, hablan, bailan y comen con ellos, tal como si estuvieran en vida.
Esto contradice aquella interpretación tridimensional del kaypacha, hananpacha y ukupacha (cielo, terreno e infierno) que busca forzar una "feliz coincidencia" con la estructuración occidental. En esta misma naturaleza se imprime aquella versión de los cronistas indios y mestizos con respec-to a que Wiracocha era "blanco y barbado" (como Cristo y Pizarro) o que el mítico Tunupa era Santo Tomás, lo cual era la única forma para que esas crónicas pudieran superar la censura e intolerancia católica.

EL MATRIMONIO
Tanto en el Ande como en Europa primaba el matrimonio monogámico, salvo en la nobleza incaica en donde se permitía la poligamia (al igual que para ciertos patriarcas bíblicos, como el mismo Abra-ham). Poligamia que fue inmediatamente "rescatada" por el "wiracocha blanco" con las cautivas cobrizas. Al respecto, Oviedo y Valdés(4) narra que Paullo Inka (aliado a los españoles y traidor a Manco Inka) increpa a Almagro sobre la "lentitud de la marcha" del ejército hispano-andino que perseguía, durante la 1ra. guerra civil, a los pizarristas:
"...Quiero tanto a mis mujeres como tus cristianos a las suyas, y las dejaré y dejen ellos a las suyas; y vamos a la ligera y en pasos que hay, mataré la mayor parte de la gente de Pizarro y lo desbarataré. Y si tus cristianos no quieren ir, déjame ir solo con mis indios y haré lo que digo, que estos tus cristianos con tantas mujeres como tienen, no hacen cosa a derechas..."
Al punto de vista teológico solo existieron diferencias de forma, mas no de fondo. En cuanto al ritual, tenemos el occidental (individual) dirigido por el cura, y el andino (colectivo) dirigido por el propio inka (cabeza de la Teocracia Andina).
Es en el Sirvinacuy ("matrimonio a prueba"), permitido por la costumbre popular incaica, en donde podemos apreciar la principal originalidad.

ENTRE LA ZONA LIBERADA Y LA GUERRA SANTA
En cuanto a los sacramentos de la penitencia y la confirmación, no las trata-mos aquí, ya que en realidad derivan y/o son conexas a la confesión y bautizo respectivamente.
Dada toda esta viciada sacramentali-zación, entonces en defensa de la dignidad y la libertad, el runa andino solo podía (los que podían) refugiarse en las selvas del Antisuyo que se constituiría en último reducto de su integridad etno religiosa y de donde provendrían sus respuestas armadas, impregnadas de una legítima violencia de tipo "compensadora"; sea por venganza, frustración o por reivindicación, conforme decretaría aquel Mesías Incaico, Juan Santos Atahualpa, cuando ordena la expulsión de todo "sacerdote católico" así como de "todos los blancos" de aquella zona liberada que -en efecto- fue la Selva Central.
Ello contribuiría a la reconfiguración de una frontera geográfica y cultural andino-occidental a todo lo largo de la ceja de selva y en donde una nueva toponimia con el prefijo "San", advierte la yuxtaposición de la espada y la cruz: San Juan de la Frontera de los Bracamoros (Jaén), San Juan de la frontera de los Chachapoyas (fuerte militar), San Ramón (fuerte militar), San Juan de la Frontera de Huamanga (Guarnición militar ante los "terroristas inkas" de Vilcabamba, Pichari y San Francisco), etc… Así como sus respec-tivas avanzadas de soldados y misioneros como en PaIca, Kimiri, Chanchamayo, Huasahuasi y Sivia.
Esto contribuye a entender porqué en las rebeliones serranas, hasta el Taki Onkoy del s. XVI, la impugnación al culto católico no constituyó el objetivo central, en contraposición a la selva, en donde el rechazo a las globalizadoras "Entradas" y "Misiones" adquirió el perfil de Guerra Santa.

(1) En su "Relación de antigüedades" Santacruz Pachacuti refiere este apelativo como el de la superior deidad andina, que era el mismo Pachacámak, Tunupa o Wiracocha.
(2) Nieto Vélez A: "La Iglesia Católica".
(3) "...lIevaba cuatro obispos a sus lados: a la mano derecha iba el arzobispo de Los Reyes, a cuyo lado iba el obispo de Quito; a la mano izquierda de Gonzalo Pizarro iba el obispo del Cuzco y a su lado el obispo de Bogotá..." (Entrada de Gonzalo Pizarro a Quito, luego de su victoria en Chupas).
“...EI obispo del Cuzco y Diego Centeno, que estaban juntos enviaron por él, y habiéndole oído le mandaron prender y llevar a la tienda del obispo..."
(Hecho que le pasa al Fraile Herrera, enviado por Carbajal a reconocer el campamento de Diego Centeno en la víspera de la batalla de Huarina)
(4) "Historia General de Indias".

Etnonacionalismo y Mito
EL RESERVISTA ATAUCUSI

Antauro Humala Tasso (Extracto de conferencia etnocacerista - Lima, MAR 2003)

Creo que en la viabilidad de la 2da República o Nueva República Etnocacerista, digámoslo así, hay que imaginar. Y como libres pensadores pre-guntar: ¿Es necesaria la religión? ¿Es cierto que es el "opio del pueblo"? ¿Será útil reivindicar al Pachacámak? Y antes que responder debemos proponer, pues el hecho en sí es que el pueblo entiende por mitos, y trataré de explicar por qué.

LA FUERZA DEL MITO
De subteniente me mandaron a la zona más recóndita de Cotabambas-Apurímac con mi patrulla, a unos caseríos abandonados por los gobier-nos que se han sucedido desde 1532... Ahí, en la misérrima choza-escue-lita los chiquillos escribían en unos cuadernitos toditos "charcheros-itos", manchados de barro y rotosos por la lluvia. Lógicamente ahí cumplía ardua labor el Magisterio, y ahí entreví que en verdad son 3 las llamadas "Instituciones Tutelares de la Patria". No son 2 (Iglesia y FFAA). Hay una 3ra: El Magisterio. Antes que llegue un cura o un teniente a algún caserío recóndito, antes ya llegó un maestro. Antes que llegue el fusil o la cruz, antes ya hay un cuaderno traído por un amauta. Bueno, regresando al tema: Así todo "charcheroso" el cuadernito y famélico el "k'oro" alumnito, en aquella época en que los pelotones de Sendero y Puka Llakta transitaban por doquier, se leía: "ejersito geriyero gloryozo, ejersito geriyero gloryozO..." ¡Todas las hojas, con letra ilegible y ortografía horrorosa! Y entonces me preguntaba por qué y concluía: Porque el pueblo capta mejor el mito, a un poblador semi analfabeto no le puedes explicar el materialis-mo histórico ni la cuestión étnica en forma escolástica. No, su adolorida sencillez ansía la fe, soñar, el mito. Por ejemplo: "El Etnocacerismo restablecerá el Inkario", como slo-gan popular resulta más contunden-te, para el alma de ese humilde runa peruano, que 10 ediciones del "Ollanta" o que 7 ensayos de Mariátegui. Enton-ces, ya cuando tengamos un pueblo plenamente educado y un Magisterio emocionalmente nacionalista, ahí recién, solita, la religión se desvanecerá. Entonces ya no habrá necesidad de ella. Pero "por decreto" no se la puede ni se la debe suprimir.

PATRIARCA Y WÍLLAC UMA
Y pues, debemos darle un perfil etnonacionalista al culto. Entonces en ese enfoque futuro de una República Tahuantinsuyana del Perú, Bolivia y Ecuador, debemos mirar lo que está haciendo aquella vanguardia de monjes del Perú Profundo, como son los compatriotas de Ataucusi. Ellos han avanzado, y sin hablar están dando lección en los hechos. Claro que tenemos nuestra discrepancia ¿no? Pero discrepar es también una forma de aproximación...Que les vemos una liturgia que rememora a los judíos del Antiguo Testamento, ajena a nuestro historial Huari, Tiahuanaco o Sipán, o que se ponen túnicas de la antigüedad judaica en vez del unku incaico, es cuestión de formas. Pero el hecho de fondo es que la teología que ellos manejan, es una comunión del Antiguo Testamento con la crónica de Huamán Poma, Cusi Yupanqui y Garcilazo Inka.
Ezequiel Ataucusi fue una mezcla de Patriarca Bíblico y Wíllac Huma: La llamada Ley Real de la Iglesia del Nuevo Pacto Universal comulga los 10 Mandamientos de Moisés con los "3 amas" del inkanato además de la minka y el Aymi. Para ingresar a la Congregación hay que "comprometerse a cumplir las leyes del inkario". Lo dicen y lo hacen. Su estandarte contiene el Arco Iris del Tahuantinsuyo. Es decir, son lo más avanzado del etnonacionalismo eclesiástico desde Alaska hasta Tierra del Fuego.

PACHACÁMAK
El etnocacerismo es el ataucusismo dentro del Ejército y el ataucusismo es el etnocacerismo dentro de la Iglesia. En la Patria Histórica, Pachacámak es nuestro Dios Ancestral, y digo: ¡Vuelve pronto Pachacamac, luz de la verdad! La potencia del Mito se expresa así. ¿Entienden? Y por eso, cuando leía la bibliografía senderista que mis soldados capturaban luego de algún enfrentamiento: el "mito subjetivo", el "gran salto", "cruzar el río de sangre", les entendía mejor que los pobres diablos del SIN o que los ineptos "senderólogos" de entonces... ¡Con qué pasión discernía el etnonacionalismo en el fragor de las balas! ¡Manco Cápac antes que Cristo y mucho antes que Mao!

AL RESCATE DEL CRISTO
Entonces hay que aprender de las experiencias anteriores, entonces la Nueva Republica Etnocacerista, debe regenerar a esa degenerada Iglesia Católica, Apostólica, Romana, Criolla y Antinacional, de su prostitución histórica… Y con eso reivindicar el Cristianismo Primigenio y Revolucionario que proclamó el verdadero Cristo. Uds. han leído el Sermón de la Montaña. Es TNT puro. Ahí se exhorta a los descamisados del Imperium: "¡El Reyno del Cielo también puede construirse acá abajo, ustedes lo pueden! Ese es el mensaje resumido, el mito de la conmoción del cielo por la tierra, es bandera de liberación. ¡Traje a rayas para Jesucristo! Entonces estos han prostituido al Cristo ¿Qué pueden tener en común Cipriani y Valverde con Cristo y el Bautista? Nada, y si yo me considero cristiano de verdad, rescataría la originalidad del Cristo y colgaría al fariseo Cipriani. ¡Y bien hecho! Pero también esta la cuestión del etnonacionalismo: Pachacámak es nuestro, y el Señor de los Milagros es el Pachacámak vestido de cristiano: El Cristo de Pachacamilla, Señor de los Temblores, Pachacámak que hace temblar la tierra, "Transformador del Mundo". El santuario de Pachacámak y el Koricancha eran el Vaticano Tahuantinsuyano, y el Wíllac Uma era el equivalente al Papa Juan Pablo. Entonces tenemos 2 vertientes para imaginar esa Nueva Institución Religiosa de la Nueva República: El rescate de Cristo y la Reivindicación del Pachacámak. Algo glorioso y hermoso.

NUESTROS RESPETO
Por consiguiente los compa-triotas ataucusistas merecen nuestro respeto. Es más, nuestra hermandad. Habrá un momento en que nos miraremos para decirnos: "oye, debemos ir juntos y guardarnos las espaldas". Habrá un momento. Lo ideal sería entrar de lleno al ataucusismo y sugerir el suplir algunos detalles, pero acá entra la alienación: "¡no, con los ataucusistas no, esos pelucones cochinitos son arcaicos y de museo!", pero precisamente eso es por la alineación que inyecta el poder del catolicismo pizarrista y antinacional. En todo caso hay que reconocer que así como en la política en general y en la cuestión militar en particular, nosotros somos los más avanzado del Perú desde que sucumbieron los inkas de Vilcabamba, pues en el campo de la religión, lo más avanzado desde que murió el último Willac Uma, es Ataucusi y su Iglesia Tahuantinsuyana. Entonces debemos imaginar para proponer.
¡Vuelve pronto Pachacámak, luz de la verdad!