Llevadas para investigación, nunca fueron devueltas
EL SAQUEO DE MACHU PICCHU

Antauro Humala Tasso

El 26 ENE 2003, el Museo Peabody, que depende de la Universidad de Yale, inauguró la muestra "Machu Picchu: Revelando el misterio de los incas". Con 420 piezas, es la más importante montada hasta ahora con objetos sacados del magnífico palacio de los últimos inkas. La exposición ha reavivado, en el mundo académico de Yale, la polémica acerca del patrimonio incaico de ese museo, ya que muchos estudiosos consideran que debe ser devuelto al país de origen. "Si la Universidad de Yale se comportó como vulgar banda de ladrones, al patrocinar el despojo de los tesoros de Machu Picchu, es hora que corrija esa mala acción", sostienen.

Cuando descubrió las ruinas, en 1911, el arqueólogo estadounidense Hiram Bingham (quien trabajaba en la Universidad de Yale) creyó haber encontrado Vilcabamba, la última capital del Imperio Inka. En realidad había sido construido hacia 1460 por Pachakútec como palacio de descanso de la familia real.
En 1912, Bingham regresó a Machu Picchu con científicos de otras disciplinas y el respal-do financiero de la Universidad de Yale como de la National Geographic Society. Conoce-dor de la legislación peruana, que ya entonces protegía el patrimonio arqueológico, hizo gestiones al más alto nivel, in-cluido el Pdte. de EEUU William Taft, hasta que logró que su par peruano (Leguía) firmara una "excepción" y le permitiera sacar del Perú el material desenterrado, pese a la protesta de ilustres inte-lectuales como Luis Valcárcel (autor de "Tempestad en los Andes"), entre otros.
Para 1915, cuando Bingham volvió al Cusco con otra expedición, la legislación se ha-bía endurecido. Las autorida-des, principalmente de La Uni-versidad San Antonio de Abad del Cusco, sabían que el estadouni-dense no había cumplido con las condiciones impuestas por Leguía, como dejar en Perú las piezas que no tuvieran "duplica-do". Sin embargo, gracias a sus influyentes contactos consiguió que el nuevo Jefe de Estado, el Gral. Benavides, lo "autorizara" a llevarse 74 cajones con piezas y restos óseos, aunque "sólo para estudio y por 18 meses".
Los materiales nunca fueron devueltos, hasta ahora, trascu-rridos 88 años. "El Gobierno Pe-ruano no fue capaz de hacer un seguimiento, simplemente no le interesó", lamenta la historiadora Mariana Mould, autora de una minuciosa investigación sobre el tema, encargada por el Institu-to Nacional de Cultura del Perú.
¿Cuántas piezas tiene la colección Bingham? Los científicos peruanos no tienen modo de saberlo. En MAY 2002, el catálogo del Museo Peabody consignaba ¡254.094 objetos (muchos son fragmentos de cerámicas)! Al respecto, Blanca Alva Guerrero, directora de In-vestigaciones del Museo Na-cional de Arqueología, Antropo-logía e Historia del Perú, contó que en OCT 2002 el catálogo había sido "retirado de Internet". Lo detectó cuando preparaba un proyecto de museo del sitio, que Machu Picchu no tiene.
Excepto de las construccio-nes, la mayor parte de los testimonios del Palacio de los Inkas se los llevó Bingham. El director del Peabody yanqui sostiene que la exposición sólo incluye "No hay un registro que diga qué se llevó Bingham en cada uno de los viajes", replica la doctora Mould. Pero va más allá y plantea una cuestión de fondo: "Perú necesita cerrar la brecha entre ese grandioso pa-sado prehispánico y la realidad actual. Machu Picchu fue decla-rado Patrimonio Natural y Cul-tural de la Humanidad por la UNESCO, y el Museo Peabody tiene que devolver a sus países los objetos arbitrariamente sacados de sus contextos".

Mariano de Rivero: El 1er arqueólogo peruano
ARQUEOLOGÍA PERUANA: ¿HEREJÍA O CATEQUESIS?

Reservista Puka Rumi

El sabio peruano Mariano Eduardo de Rivero (1797 - 1857) fue el 1er arqueólogo peruano, sin embargo su contribución ha sido ignorada por la historia oficial. Sus pioneros trabajos dejan de tener un sesgo de "huaquería" para inaugurar la visión científica del pasado andino.
Eran los primeros años de la República Criolla y un entusiasta joven decide que quiere investigar acerca del pasado de su Patria Natal. Sus padres, nostálgicos de "La Madre Patria Hispana", no lo entienden y es enviado a estudiar a Europa. Sin embargo su interés inicial no decaerá e invertirá su fortuna en investigaciones acerca del pasado pre colonial de "su" tierra. Este joven fue Mariano Eduardo De Rivero y Ustáriz, criollo de raza, peruano de etnia e incaico de cultura.
Entre sus principales "herejías y traiciones" (tal como fueron catalogadas entonces), está el reconocer la existencia de un rico pasado incaico y preincaico, contrario a la creencia "oficial" de que antes de los virreyes "sólo hubo barbarie e idolatría".
Téngase presente que el hombre de ciencia más renombrado en esos inicios republicanos, fue el "español americano" Hipólito Unanue, quien en su Mercurio Peruano había denominado al indio como "raza decadente"… Pero ahí estaban, impávidos y desafiantes, los vestigios arqueológicos cuya estructura y majestuosidad desubicaban mentalmente esa conceptualización racista.
De Rivero inicia pues, la reubicación de lo desubicado. Y en ese marco clasifica y reúne importantes colecciones trabajando diversos sitios arqueológicos: Dos de ellos de manera pionera, como en Chavín y Ancón. Sin embargo no se le reconoce tal mérito.
Es así que se atribuye el primer estudio de Chavín al italiano Raymondi y el de Ancón a los alemanes Reiss y Stubel.
Pero Raymondi, honesto, fue el primero en reivindicar al "traidor" De Rivero al criticar la falta de nacionalismo académico en el Perú: "Los rasgos característicos del sabio De Rivero son modestia, actividad y entusiasmo por el progreso físico e intelectual de su tierra natal. Sin embargo, como científico fue más conocido y apreciado en Europa que en su mismo país. ¡Extraño fenómeno! mientras que en todos los pueblos reina un arraigado ESPÍRITU DE NACIONALISMO que juzga a sus hombres superiores a todos los de las demás naciones, en el Perú, al contrario, no se tiene fe en sus compatriotas, se desconoce su mérito, no se aprecian sus trabajos y pasan desapercibidos".
Y las cosas poco o nada han cambiado. Ahora, para que un hallazgo arqueológico tenga "trascendencia", pues tiene que haber un apellido extranjero, una ONG o el Discovery Chanel. Fíjense nomás en el "caso" Machu Picchu.
La principal obra de De Rivero, "Antiguedades Peruanas", es un libro casi desconocido incluso para los estudiantes de arqueología de las universidades "peruanas". Es así como se trata a los sabios nacionales, con el olvido. Es lo que quisieran que ocurra con Tello, con Arguedas, o con otros tantos que son silenciados por quienes degeneran el libre pensamiento "hereje y racional" de la Universidad en "catequesis y hosannas" de Convento.
Por ejemplo a Peter Kaulicke, arqueólogo alemán de la Universidad Católica, le "horrorizaría" que se difunda que los pioneros de los trabajos en Ancón no fueron sus paisanos Reiss y Stubel, sino un peruano quien deja muy bien puestos nuestros colores en el campo científico antecediendo magníficamente al Padre de la Arqueología Tawan-tinsuyana que fue el Dr. Julio C. Tello (lo cual sería admitir que el cholo Julio C. Tello reúne más mérito que el ario Max Uhle).
Pues bien, De Rivero, patriota como Tello, debe ser reivindicado también.

¿Quién "descubrió" Machu Picchu?

Antauro Humala Tasso

El "descubrimiento de Machu Picchu", antes que al gringo Bingham, correspondería en todo caso a los cus-queños Agustín Lizárraga, Gabino Sánchez y Enrique Palma quienes "descubrieron" esta ciudadela el 14 JUL 1902, en circunstancias que jefaturaban una expedición financiada por terratenientes para expandir la frontera agrícola, 9 años antes que Bingham llegara al Qosqo.
Bingham reconoce en su informe que halló en la pared del templo de las Tres Venta-nas, una inscripción que de-cía: "Lizárraga, 14 JUL 1902".
No obstante, es obvio que el "redescubrimiento" de Bingham acaparó los "reco-nocimientos y lauros interna-cionales" gracias al complejo colonizador euroamericano y el sub-complejo colonizado de los "ciudadanos" afros, asiá-ticos y sudacas "descubiertos" por Bartolomé Díaz, Marco Polo y Colón...
En todo caso al extranjero Bingham, le correspondería el mérito de ser el primero que estudió científicamente Machu Picchu. Pero independiente al "descubrimiento" criollo y al "redescubrimento" gringo, el hecho es que en ambas expediciones, tal como lo precisan sus respectivas "bitácoras", los guías siempre son compatriotas "del lugar", es decir "machupicchenses" o de las inmediaciones, a quienes Bingham describe casi como sub-humanos: "Estos salvajes tienen el más sucio y vil aspecto que jamás he visto. Hostiles por naturaleza, tienen el pelo largo, descuidado y enmarañado. Ojos profundos, mejillas cadavéricas, labios gruesos y boca larga. Los dedos de los pies son extraños y prensiles..."
Respecto al "descubrimien-to" de Lizárraga, debe considerarse que luego de la batalla de Ayacucho, Bolívar "premia" a sus generales con grandes extensiones de tierras y haciendas "expropiadas" a los realistas… Pues en esa "redistribución", se entrega la hacienda Amaybamba (en cuya jurisdicción se encontró Machu Picchu) al Gral. Gamarra, cuyo "mayordomo" hace sembrar cocales en su parte baja; vale decir lo que hoy es Aguas Calientes y la Estación del Tren. Y son los "arrendires" de dichas chacras quienes "guatapean" el matorral para que subieran Lizárraga y posteriormente Bingham.
Por donde se le mire; ni el antiperuano Bingham, ni el criollo Lizárraga, ni mucho menos el mayordomo de la hacienda del mestizo Gamarra pudieron "descubrir" algo que el poblador peruano construyó y por cuyas inmediaciones sus descendientes, desnutridos y humillados, quincuacente-nariamente transitan.
Reconocer como "descubrimiento" aquello, sería idiotizarse e idiotizar también a los pobres gringos que, como los recientes chiflados de "La Ciudad Perdida de Chokeki-rao", no reparan en los choke-kiranos.
A inicios del s. XX, EEUU aún vivía (con retardo de siglos respecto a Europa) la respectiva "fiebre descubri-dora": Acababan de extermi-nar "humanoides" apaches y sioux cuyas sangres no tenían porqué opacar el "romanticismo del Far West"... Pero más allá de sus fronteras, a excepción de los semisalvajes mejicanos (raza inferior de hispanos "contaminados con mayas"), solo habían océanos por ambos lados y por el norte un gélido Ártico. No quedaban pues, otros descubrimientos que "inventarlos" en tierras "exóticas", con habitantes "acomplejados y gozo-sos" de ser, cada cierto tiempo, "descubiertos" por un extran-jero a quien venerar.
Felizmente todo esto acabará con el régimen etnocacerista…