La Breña: Génesis republicano del indigenismo y del etnonacionalismo 
RABONERIA RUMI MAQUI Y LA REBELIÓN FEDERAL TAHUANTINSUYANA

Comando de Investigación


En 1915 estalló en Puno una rebelión campesino-reservista que proclamò la República Federal del Tahuantinsuyo. Para 1916 la rebelión fue sofocada a costo de casi un millar de bajas, pero quedó el mito y la leyenda de Rumi Maqui, veterano de La Breña y líder de aquella gesta que no obstante ser denigrada por la historia criolla como una “ridícula utopía arcaica”, en verdad fue progresista en la medida que propugnó una nueva geopolítica reunificadora del Perú, Bolivia y Ecuador bajo gobernaciones etnonacionalistas que ahora se vislumbran con el potencial político de la CONAIE ecuatoriana, el Mov. Pachacútek y MAS en Bolivia y el Etnocacerismo en Perú.


En 1879, un adolescente de 15 años, natural de Junín, ingresaba como amanuense al Ministerio de Justicia. Estallada la guerra, y estando el Ejército Chileno a las puertas de Lima, este muchachito Teodomiro Gutiérrez Cueva- combate en los reductos, acude al llamado de Cáceres a la resistencia, y con el grado de alférez pelea en Marcavalle y Pucará. Integra la escolta de Cáceres, logrando sobrevivir a la hecatombe de Huamachuco. Posteriormente en la Guerra Civil, participa en la “Huaripampeada” a las fuerzas iglesistas y libera como integrante del escuadrón Cazadores del Perú, la capital.
Termina el año 1886: Tenía 22 años y ostentaba el grado de teniente.
Es en la 2da. guerra civil de la postguerra (1894-95), contra la coalición pierolista financiada por Chile, que ante la presión del Cuerpo Diplomático Extranjero, Cáceres no obstante conservar su Ejército intacto(1) entrega el poder a una Junta Provisional que a su vez lo entrega a Piérola, quien purga a la oficialidad cacerista.
Piérola, 16 años atrás, había hecho algo similar con el Ejército del Sur vencedor en Tarapacá, cuando gran parte de sus oficiales, despojados del mando de tropa y humillados, se batirían como simples soldados en los reductos.
El Cap. Gutiérrez (ascendido en 1890) fue incluido entre los purgados.
Es en esa coyuntura que, como reacción cacerista, estalla la 1ra. Revolución Federal de Loreto liderada por un veterano de la Breña: “En MAY 1896 encabezó ese golpe subversivo Mariano Madueño, militar y escritor, nacido en el Cusco y combatiente en Huamachuco”(2).
En el período comprendido entre la purga cacerista y la muerte del mariscal (1923), el país fue testigo de 5 rebeliones lideradas por veteranos de la Breña: Las de los coroneles Madueño en 1896 y Vizcarra en 1899, la del My. Gutiérrez (Rumi Maqui) en 1915, la del Crl. González con el Cap. Cervantes (que combatió como sargento en la Pedrera - Caquetá) en 1921, y en 1924- la del Crl. Alcázar a quien se uniría el guerrillero Eleodoro Benel.

IMPUGNANDO LA CHILENIZACIÒN
Estas rebeliones impugnaban a un Alto Mando pierolista, colaboracionista con Chile, que recurría al prestigio de una Misión Militar Europea para justificar el relegamiento de la oficialidad nacionalista.
Es así que extranjeros como el Jefe de Estado Mayor que combatió contra Cáceres el Crl. alemán Paoli- y posteriormente el séquito del Gral. francés Clement, cumplirían para el Estado Peruano, además del rol tecnificador para el que fueron contratados (Escuela Militar de Chorrillos), la función de relegar a una oficialidad etnocacerista que jamás hubiera permitido la claudicación de los territorios arrebatados, ni mucho menos ignorar el abuso de la “chilenización” del que eran víctimas los compatriotas cautivos en el Sur.
Considérese que hasta 1930 fue tal la subordinación a Chile, que la caballada del EP se adquiría de la que daba de baja la caballería chilena, o que varios generales eran “socios honorarios del Círculo de Oficiales de Chile” o, en el colmo, la aceptación por el Cmdte. Gral. del EP, Pedro Pablo Martínez, del título honorífico de “Jefe del Regimiento Cazadores de Baquedano”.
Tal relegamiento implicaría que la “tradición e historia” característica de toda Escuela Militar, que debía resaltar un revanchismo inoculado “genéticamente” en los primeros cadetes chorrillanos justamente por veteranos como Gutiérrez, fue atenuada por los instructores franceses para quienes su “imparcial” labor técnica era prioritaria, y que además no tenían porqué inmiscuirse en conflictos “tan lejanos”.

LA FUERZA DE LA ESTIRPE
Todo Ejército refiere el crisol de su nacionalidad, y solo inspirado en la tradición histórica de su etnia ancestral puede potenciar su rol de Guardián de la Patria. La heroica defensa de Massada para el soldado judío, el Bushido (código samurai) para el soldado nipón de la 2da. Guerra Mundial, la legendaria “paccarina” anglosajona del Reino de Camelot y el mítico “Sigfrido Germano” para el caso del soldado alemán, coinciden en enfatizar que ante las coyunturas críticas, lo que permanece incólume y dinamiza el metabolismo castrense es la fuerza de la estirpe, vale decir el sumun de su nacionalidad. Churchill en su encuentro con Roosevelt (“Carta del Atlàntico”) para decidir la Alianza contra Alemania, no dejó de referir al factor étnico: “Estos 2 grandes grupos de la humanidad, el Imperio Británico y los EEUU, que hablan la misma lengua y provienen del mismo ancestro (...) es el mas alto honor que puede caberle a raza alguna de la especie”.
El mismo cabo Hitler fanatizado y ultranacionalista- se preocupó en inocular a un pueblo derrotado y sumido en la quiebra económica y moral, el “rescate del alma popular de la Gran Patria Germana” puesto que: “La conservación de los elementos raciales primitivos, al propugnar la cultura, crean la belleza y dignidad de un pueblo”.
Todo eso sería intuido por el Cap. Gutiérrez, quien había sido testigo, como escolta del Tayta, de la potencialidad incaica durante la guerra de guerrillas en la Sierra Central.
Alejado de filas, el Gobierno emplearía a Gutiérrez en las subprefecturas de Cajamarca, Ayacucho, Huancayo, Huánuco, Canas y Canta. En 1906, luego de 16 años, es llamado al activo y asciende a Mayor por “antigüedad”. De haber sido en 1886 el teniente más joven, era en 1906- el mayor más viejo: Tenía 43 años, lo cual lo tornaba “aguantado” para su nuevo grado y sin proyección en la carrera. Aparentemente no representaba ya, para una administración alérgica a los veteranos breñeros, peligro alguno. No obstante, en 1908 es expulsado y borrado del Escalafón por considerársele “antisocial”.

EN LA PRO-INDÌGENA
Desde su adolescencia soldadesca entre marchas y contramarchas por punas y quebradas, Gutiérrez observaba que la Salvación Nacional solo podía provenir de la vertiente incaica. Y la coyuntura de la post-guerra: El Ejército de la Breña extinto (sus reservistas vistos como subversivos, sus oficiales relegados y el anciano Tayta debilitado por la edad), además el clamor de los cautivos del Sur y masacres campesinas como las de Samán y Llaucán, le exigían en su sensibilidad y misticismo- el imperativo de actuar.
En 1910 conformaría con Dora Meyer y Pedro Zulen la directiva de la asociación Pro-Indígena y entablaría amistad con un destacado intelectual puneño, Francisco Chuquiwanca. Posterior-mente, ante la masacre de Samán, sería comisionado por el Pdte. Billinghurst para investigar, cual “Comisión de la Verdad”, dicho suceso. Su informe sería desestimado por la nueva adminis-tración del Pdte. Pardo.

PRISIONERO EN IQUIQUE
El My. Gutiérrez, que desde alférez quedó impresionado por la efervescencia de las invasiones de haciendas (las primeras del país) propugnadas por el Ejército de la Breña en su afán de consolidar su base campesina, realizó 30 años después- una labor proselitista que, en el altiplano puneño, se reflejaría en la oleada de invasiones que a un costo de centenares de víctimas, se daría en las haciendas San José, Atarani, Sankoyo, etc, entre 1914 y 1916.
Nuestro personaje sería deportado a Chile. Ahí impulsó la actividad patriótica de los peruanos cautivos en Tarapacá, Arica y Tacna, por lo que es encarcelado 6 meses en Iquique. Una vez libre, Gutiérrez ingresa a Bolivia.

“LIMA SERÀ NUESTRA”
En 1914, ya era notorio que Gutiérrez conceptualizaba su forma de acción en un ámbito campesino-militar cuyo epicentro sería la Sierra Sur; en su afán de emular el accionar cacerista con el campesinado de la Sierra Central.
El My. Gutiérrez, que desde 1914 adopta el apelativo de Rumi Maqui (mano de piedra), era consciente que en la inevitable confrontación entre el EP y el campesinado, el aspecto militar sería decisivo. Es así que en una carta a Chuquiwanca- expresa “la necesidad de una sólida organización militar y la dotación de armas”. Sin embargo, en su experiencia combativa (de la resistencia antichilena) buscaba compensar la deficiencia en armamento con una conciencia etnonacionalista traducida en la fraternidad tropa -campesino: “Se atacará las guarniciones del Cusco, Puno y Juliaca, con la cooperación de soldados indígenas. Lima será nuestra si tenemos la seguridad de la cooperación de las tropas cholas (...) su defensa (de Lima) tendrá que encomendarse a un Ejército conformado por el elemento no indígena, cuya belicosidad no ha de inquietarnos, pues sabemos lo que son y pueden hacer los señoritos afeminados de Lima”.

PERSEGUIDORES “DE LUJO”
Esta sublevación, programada para carnavales de 1916, abortó -por soplonaje- en DIC 1915. Rumi Maqui comandó un destacamento de infantería montada integrado por kechuas y aymara hablantes, que provocaría la movilización de un Regimiento y del Batallón de Infantería “Caquetá” en el cual servían 3 capitanes que posteriormente marcarían una pauta en el EP: Sánchez Cerro (que llegaría a la presidencia 15 años después), Guillermo Cervantes (que 6 años después se sublevaría en Loreto) y Felipe de la Barra (el renombrado historiador).
Estos batallones tardarían 3 meses en “pacificar” el Altiplano a un costo de un millar de víctimas. Rumi Maqui sería capturado, enjuiciado por “traición a la patria” y condenado a muerte.

ESTADO FEDERAL DEL TAHUANTINSUYO
Si se revisa el Programa Revolucionario de Rumi Maqui, rubricado por él como “Supremo Director de los pueblos y ejércitos indígenas del Estado Federal del Tahuantinsuyo”, se concluye que aunque subjetivo y “romántico”- estratégicamente era consecuente con la línea etnonacionalista en la medida que propugnaba la fusión entre Perú y Bolivia: “Posesionarse del kechua y del aymara. Los generales (bajo seudónimos) Túpac Amaru, Túpac Yupanqui y Huayna Cápac, pondrán en movimiento a toda Bolivia, cuyo Ejército Cobrizo llegará como en Perú, a ser nuestro con sus armas, parques, artillería y aviación”.
Y en cuyo hipotético Gobierno debían participar, además del delegado de la pro-Indígena, “a lo menos 10 bolivianos”.
Rumi Maqui pretendió explotar al máximo aquella faceta milenarista que, en el esplendor de la Campaña de la Breña, “mesianificó” al Tayta conforme reconocería su esposa: “Al llegar a este simpático pueblo (Pucará), nos hicieron una magnífica recepción, a la usanza del Imperio del Sol. Se acercaban comparsas indias lujosamente vestidas, cantando, bailando y arrojando mixturas de pétalos sobre nuestras cabezas y sobre el suelo que pisábamos. Los movimientos de los danzantes eran, asimismo, alegres y rítmicos. Una india cogía las bridas de nuestros caballos, mientras las otras prorrumpían en estruendosos: ¡Viva la mamá grande! ¡Viva el tayta! Para los indios, Cáceres era la reencarnación del Inca. Se diría que en este ambiente fantástico, íbamos a ver aparecer al formidable señor, nuestro, el legendario Inca, el señor más grande del Imperio del Sol, del gran Tahuantinsuyo”.
Escenas como estas -imperecederas en la memoria de la señora Cáceres- también “embrujaron” a aquel apasionado alférez, Rumi Maqui, que en esos momentos de intensidad “mágica”, integraba la Escolta “Imperial” del Tayta.
Es obvio que Rumi Maqui representaba la extensión de la línea étnica del “cacerismo” del s. XX, y al punto de vista institucional el último intento de reivindicar al Escalafón Etnonacionalista en un Alto Mando próximo a Saint Cyr y alérgico a estos “avelinos” serranos que pretendían, desde el Titicaca, suprimir la institucionalidad “limeña, blanca y occidental” fundada por Pizarro.

UN FUTURO PROPIO
Era previsible que la Intelligentsia Criolla, al escuchar ¡en pleno s. XX! “tahuantinsuyano”, “Rumi Maqui”, etc, ridiculizara(3) ese según ella- retorno al pasado; la chaquitaclla, el kipu y la mascaipacha. Pero lo cierto es que aquella “arcaización” es inversamente proporcional al grado de raciocinio respecto al acontecer cultural del alto y bajo Perú.
Era pues, “demasiado”, ni siquiera hoy sino en 1916, explicar que no se debe confundir modus operandi con modus vivendi ni tampoco neo-Tahuantinsuyo con retro-Tahuantinsuyo, puesto que la sincrética opción mestiza (recordémos que Gutiérrez es mestizo y que en su Junta de Gobierno Incaico participaba una aria como Dora Mayer) es producto de la relación entre el ser social popular y la conciencia social desalienada, de la cual ha de aflorar una liberacionista relación entre vieja existencia y nuevo pensamiento. Y que, ante la inexistencia de bola de cristal, surge la necesidad de re-conocer la experiencia vivida de un pasado sin cancelar, y por ende aún vigente y presente. Reconocimiento que sería ridiculizado como un “utópico arcaísmo”, pero que en verdad buscó la revaloración de las fuentes para recrearlas en nueva y superior dimensión a fin de forjar un futuro, por fin propio.
Este etnocacerismo empírico propugnado por Rumi Maqui fue la versión bélica de un indigenismo que, en la Sierra Sur, repuntaría con los grupos Orkopata (1925) y Resurgimiento (1926) conformados por Uriel García, Gamaliel Churata y Luis Valcárcel.
Inclusive en la literatura indigenista de Arguedas y Ciro Alegría se reconocen las huellas “rumimaquistas” en boca de personajes el primero licenciado del ejército y el segundo campesino- como el cholo Benito Castro de la comunidad de “Rumi” y el Indio Rendón Willca: “En mi regimiento había un sargento, muy veterano, que estuvo en el sur baleando indios sublevados en Huancané. Contaba muchas barrisolas el maldito. Como los indios se escondían en los cerros, entre las peñas, era difícil sacarlos. Entonces, cuando los soldados estaban en medio avance, hacían como que se dañaba la ametralladora o les faltaba munición. Los sublevados creían que llegaba su oportunidad y al grito de "acabau balas” y “dañau máquina”, salían con sus machetes en alto y tirando piedras con huaracas. Los soldadossimulaban huir hasta que los tenían en campo raso. Entonces volvían la ametralladora y los entusiastas perseguidores caían como moscas”(El Mundo es Ancho y Ajeno).
“¡Capitán! ¡Señor capitán! Los fusiles no van a apagar el sol, ni secar los ríos, ni menos quitar la vida a todos los indios. Siga fusilando. Nosotros no tenemos armas de fábrica, que no valen. Nuestro corazón está de fuego. ¡Aquí, en todas partes! Hemos conocido la Patria al fin. Y usted no va a matar a la Patria señor. Ahí está; parece muerta. ¡No! El pisonay llora; derramará sus flores por la eternidad, creciendo. Ahora de pena, mañana de alegría. El fusil de fábrica es sordo, como palo; no entiende. Somos hombres que ya hemos de vivir eternamente. Si quieres, si te provoca, dame la muertecita, la pequeña muerte, capitán” (Todas las Sangres).

LA MANO DEL TAYTA Y LA SIMPATIA DE SANCHEZ CERRO
Retornando a la condena a muerte de Rumi Maqui, este lograría fugar en circunstancias sospechosas- en ENE 1917, con ayuda de sus custodios, cuya “disposición”, en su más alto escalón, solo podía ser “arreglada” por el viejo Cáceres.
El único recurso con el que podía contar el condenado a muerte Rumi Maqui en aquellas angustiosas circunstancias, era la voluntad de alguien ante quien el Alto Mando no se podía negar, y ese alguien solo podía ser el Gral. Cáceres -la gloria viviente del país- quien no podía permitir el fusilamiento, por una acusación tan ignominiosa, de su escolta de la Breña que en buena cuenta había actuado en base al etnonacionalismo que él había inculcado en medio del fragor de una Campaña que, en sus palabras, era “la página más honrosa de mi vida militar”. Asimismo Cáceres había redacta una constancia en la que refiriéndose a la actuación de Rumi Maqui en la Resistencia, declaraba: “Como acto de verdadera justicia, su comportamiento fue siempre ejemplar”.

RUMI MAQUI Y LA REBELIÓN FEDERAL TAHUANTINSUYANA
RECONOCIMIENTO ENTRE REBELDES

Entre 1917 y 1932 el paradero de Rumi Maqui se torna alternado entre el norte boliviano y el sur peruano. En su calidad de fugitivo, solo podía establecerse en el extranjero (Bolivia) o en zonas recónditas del territorio patrio, y con identidad cambiada.
En 1930, estando en el poder Sánchez Cerro, la esposa de Rumi Maqui Isabel Chavarry de Gutiérrez- gestiona el otorgamiento de una pensión, adjuntando un poder otorgado por Rumi Maqui para que ella pudiera hacer efectivo su cobro en Arequipa, agregando que: “Desde hace muchos años, permanece mi esposo en un lugar montañoso del territorio nacional, dedicado a labores agrícolas”.
Se deduce que Rumi Maqui pasó sus últimos años entre las sierras altas limítrofes con Puno. La gestión tendría resultados óptimos, tal es así que en 1936, su hija Olinda Gutiérrez- gestionaría una nueva cédula de retiro para su padre “cuya salud se encontraba muy delicada”.
Para 1937, Rumi Maqui de 73 años- ya había fallecido, por lo menos con la satisfacción de habérsele reconocido los derechos pecuniarios de los que fuera despojado en 1908. Cabría entonces preguntarse ¿a qué se debió que la administración Sánchez Cerro tuviera tan noble gesto para con un oficial borrado del escalafón, condenado y oficialmente prófugo? Solamente queda esta explicación: Simpatía y respeto hacia su personalidad y causa.
Para entender esta “simpatía”, será necesario abarcar el caso del Cap. Guillermo Cervantes: Si rememoramos que en 1916, los entonces capitanes Sánchez Cerro y Cervantes, por “orden superior” participaron en la debelación de la rebelión del My. Gutiérrez, y que definitivamente existió amistad entre ambos capitanes, entonces se explica que -en una combinación de camaradería y Síndrome de Estocolmo- una vez Presidente, Sánchez Cerro haya tenido el gesto de reivindicar a esos 2 fugitivos: Tanto a “su mayor” (Rumi Maqui) como a “su” antiguo capitán que también se hallaba perseguido, desde su rebelión de 1921 en que con el mismo romanticismo de Rumi Maqui proclamara la República Federal de Loreto .
Quien conozca la psicología militar comprenderá la consideración que siente un soldado con “experiencia de combate” por otro similar. En 1915, Cervantes y Rumi Maqui eran veteranos de la Breña y del Caquetá respectivamente, pero también el “mocho” Sánchez Cerro venía de perder 2 dedos, producto de una metralla que le mató 8 soldados en el asalto a Palacio durante el Golpe de Estado de Benavides; por consiguiente existió “química” entre la performance aguerrida y conspirativa de Rumi Maqui y Cervantes con el espíritu de un oficial como Sánchez Cerro que a cada grado obtenido se sublevaba por instinto.