Oceanopolítica del Pacífico Sur-Oriental, necesariamente etnocacerista
TÚPAK YUPANQUI Vs. LORD COCHRANE

Antauro Humala Tasso

En estos instantes el Gobierno Peruano trama suscribir a nuestra Nación a la Convención del Mar, que no es otra cosa que la “globalización de los océanos”, en donde nuestras 200 millas marítimas se esfumarán casi en su totalidad. Por otra parte subsiste el problema de la delimitación marítima con Chile, cuya Armada nos usurpa 35,000 km2 con beneplácito de “nuestros” almirantes. Evidentemente la cosa es seria. ¿Cuál debe ser la actitud etnonacionalista ante tanta traición y cobardía?

En el desastre persa de Salamina (48 AC) y la subsecuente hegemonía de Atenas, tenemos un ejemplo de la pugna entre una potencia terrestre (Persia) y otra marítima (Grecia). Lo mismo podría decirse en la Lid anglo-francesa entre Trafalgar y Waterloo. Pero ahora, en un mundo unipolar, ya no se refleja esa lid con la hegemonía de las 6 flotas de guerra del US Navy sobre el ex-rojo Ejército Ruso, sino en el despojo por parte de las potencias desarrolladas a la soberanía marítima a los Estados Subdesarrollados Ribereños. ¿Y cual es la principal arma? La Convención del Mar.

COLONIZACIÓN MARÍTIMA
Para el s. XVII, solo en los mares circundantes a Europa, los europeos reconocían una jurisdicción marítima estatal de “50 leguas marinas”: Distancia que un barco de guerra recorría en 2 días para perseguir a cualquier nave “intrusa”.
Obviamente esa “conven-cionalidad” no regía para el Asia “no blanca”, ni mucho menos para el África Negra y la América Cobriza: Territorios habitados por “humanoides” incorporados a la globalidad por las flotas “occidentales” de Colón, Núñez de Vela, Maga-llanes y Cabot. Frente a esas costas “bárbaras” solo regiría la Libre Concurrencia Blanca del 1er. navío europeo que plantase el estandarte de su respectivo Estado.
En esa etapa de globocolo-nización, los principales con-tendores fueron Inglaterra y España: Mientras que la primera se mostraba como Potencia Marítima propugnando la tesis del “Mare Liberum” (libre para el Estado con la Armada más poderosa), el segundo se mostraba como potencia terrestre que propugnaba la tesis del “Mare Clausum” (que le garantizara soberanía exclusiva en los mares que separaban a España de sus Colonias).
Ésta disputa, luego de un par de siglos de Drakes, Kids, y demás piratas y filibusteros (a quienes la Reina de Inglaterra condecoraba), se decidió a favor inglés cuando la Conferencia de Aquisgrán (1810) consagra la Libertad de Navegación Oceánica como principio del Derecho Marítimo Internacional.
Amparada en ese “derecho internacional” es que la flota británica de Cochrane y Brion desembarcan en Pisco a un San Martín proveniente de Valparaíso, y en Maracaibo a Bolívar proveniente de Jamaica respectivamente.

LAS 3 MILLAS Y MONROE
La emancipación criolla de los estados desunidos de Centro-Sudamérica y los estados unidos de Norteamérica, configuró en ellos una nueva “visión marítima” hacia sus respectivos mares. Dado que ninguna de las flamantes repúblicas (incluida EEUU) estaba en condiciones, a inicios del s. XIX, de “competir” con la Real Armada, optaron por el añejo Dominium Maris (del s. XVI europeo) que establecía un límite de “tiro de cañón” de 3 millas.
Claro que EEUU, vía su doctrina Monroe (“América para los norteamericanos”), luego de “solucionar” en Tierra Firme su “problema del indio” (vía el etnocidio) y amputarle la mitad de su territorio a Méjico, pronto desecharía aquel principio “pre-industrial” de 3 millas... Ya que sus flotas (atlántica y pacífica) vía sus marines, tomarían posesión de territorios insulares caribeños (Puerto Rico y Cuba) y poliné-sicos incluyendo Filipinas y Hawai (Pearl Harbor). Poco después el canal de Panamá consolidaría el “Mare Nostrum” del US Navy.
Desde entonces el Derecho Internacional Marítimo ha ido adaptándose entre los acuerdos de las grandes potencias, en perjuicio de los Estados Ribere-ños Subdesarrollados.

LA INFERIORIDAD CRIOLLO-PERUANA
Pero en la subregión del Pacífico Sudamericano surgiría una pugna comercial entre el Callao y Valparaíso, decidida a favor chileno desde la debacle de la Confederación Peruano-Boliviana (1839) y el Combate de Anga-mos (1879).
Es en ese siglo, que la Armada “P” pierde dominio en las ínsulas po-linésicas de Pascua, Juan Fernández, así como del mar adyacente a Antofagasta, Tarapacá, Arica y en donde la reciente usurpación de 35,000 Kms2 marítimos adyacentes a Tacna e Ilo, constituyen el corolario de la captura del Huáscar. Es así, con ese desequilibrio marítimo adverso a “P” y “Bo”, como se ingresa al s. XX.
En ese siglo la pesca artesanal comienza a tornarse en industrial, y la tecnología permitiría la explotación de los fondos marinos (petróleo y otros). Se hacía así necesario, para las grandes potencias, parcelar los océanos así como en el siglo anterior lo habían hecho con los continentes “no blancos”. Debíamos pues, prever el embate. Sin embargo en nuestra región no había nada prescrito: Ni siquiera en el Tratado de Ancón se mencionaba la palabra mar. No existía ni existe delimitación marítima entre Perú y Chile, ni de éstos hacia “mar adentro”... Y ya las flotas desarrolladas pescaban frente a sus costas.
Lejana está la defensa conjunta ecuatoriana-peruano-boliviana-chilena en 1866 contra una flota extracon-tinental. Y cercana está la alianza chileno-estadounidense con la Real Armada en las Malvinas de 1982. Al respecto de esa “alianza”, existe en la isla aymara de Pascua un aeropuerto especialmente acondicionado para el aterrizaje y despegue del Trasbordador Espacial Challenger...
Y mientras que el Perú tomaba previsiones de “razón” (Bustamante y Rivero y la Declaración de las 200 millas), Chile tomaba previsiones además “de fuerza”: En 1993, el Cmdte. Gral. de la Armada Chilena (Martínez Bush) declaró: “El combate de Anga-mos rompió el enclaustramiento y le abrió a Chile el paso a los mares”. Efectivamente, desde entonces la Armada “CH” se ha erigido “consensual-mente” como hegemónica sobre una circunscripción de 12 millones de kms2 (“Mar Presencial Chileno”) comprendidos entre la orilla del Hito 1 de la Frontera Terrestre con Perú, Pascua y el Polo Sur. De esos 12 millones de km2, 5 corresponden a la proyección marítima usurpada y por recuperar del Alto y Bajo Perú.

EN POS DEL MAR INCAICO
La pugna P-CH a parte de referir la clásica rivalidad entre estados marítimos y terrestres, implica factores étnicos: Lo marítimo foráneo y occidental Vs. lo territorial nativo y andino. Por una parte, la territoriedad tahuantinsuyana cuya expresión marítima se plasma en la flota de Túpak Yupanqui descubridora de Oceanía. Y por otra parte la oceanidad euro-chilena cuya expresión continental se basa en el exterminio de nuestros hermanos de raza mapuches y araucanos.
El despegue del Perú como Nación Soberana en pos del desarrollo, reclama solucionar el “Problema del Blanco”, no necesariamente como se hizo respecto al indio en Norteamérica y Chile (etnocidio). Y esa “solución” implica una subversión del planteamiento geopolítico (si alguna vez lo tuvo la República Criolla), cuya consecución implica etno-nacionalizar el almirantazgo de una Armada repotenciada en pos de Angamos, Pascua y el delta del Maule, claro está, precedida por una ofensiva terrestre y “avelina”, eminentemente libertadora para nuestros compatriotas cobrizos humillados desde la agresión de Almagro y Valdivia.

PERÚ IMPOSIBLE... TAHUANTINSUYO POSIBLE
Y ello implica una reunifi-cación con Bolivia, Ecuador y, claro, reincorporando a nuestra etnonacionalidad a los hermanos de raza aymaras y mapu-ches apodados “chilenos”.
Y este planteamiento etno-cacerista horroriza al almirantazgo chileno: “La mancha india se extiende con mayor velocidad que el crecimiento de los blancos. En este gran núcleo se encuentra, latente en unos y subyacente en otros, el concepto de un pasado histórico como Nación diferente a la actual. La ley de homología geopolítica se observa en la idea de reconstruir el Imperio de sus antepasados. Ello dificulta la relación con Chile y nos es altamente peligroso”. (Martínez Bush: “La Oceanopolíti-ca en el desarrollo de Chile” - 1989).
Solo así, recuperaremos la primacía marítima y la respetabilidad ante la Convención del Mar y el supuesto Mar Presencial Chileno.