Mujeres (“infantes y andinas”) que enarbolaron los estandartes etnonacionalistas en las FFAA virreinales y republicanas
RABONERIA Y LOGISTICA: 500 AÑOS DE EJERCITO PERUANO

Comando de Investigación


LOS EJÉRCITOS DE LOS CAUDILLOS

(Tomado de A. Botmiliau y E. de Sartigues: “Dos viajeros franceses en el Perú Republicano” - 1875)
“Nada mas curioso que la partida de un ejército peruano que entra en campaña. Mujeres y niños caminan en medio de la larga fila de soldados, la cual se despliega confusamente en la dirección indicada por los jefes. Asnos y mulas cargadas con los bagajes siguen a la columna o se arrojan a cada paso entre las filas. Por lo demás nada se ha previsto. Falta todo: Las provisiones, los cuidados, hasta la paga. De este modo viven casi siempre a expensas de la región que atraviesan y las compañeras ordinarias del soldado, conocidas con el nombre de rabonas, reemplazan para él la administración militar. La costumbre de llevar a las mujeres a la guerra es de origen indio. Si no se acatara esta costumbre sería imposible retener a un solo hombre bajo las banderas. Esposas o concubinas del soldado, las rabonas están con él en todas partes y lo siguen en sus marchas mas penosas, llevando a veces un hijo sobre los hombros y otro suspendido a sus vestidos (espalda). Se ha visto al Ejército Peruano comandado por el general aymara Santa Cruz Calahumana recorrer hasta veinte leguas por día, entre las montañas, sin que jamás lo abandonaran las mujeres. Esta perseverancia es en realidad notable. La rabona es, con todo, más bien la esclava que la mujer del soldado. Golpeada, maltratada muy a menudo, no toca ni siquiera los alimentos que ella misma ha preparado, mientras que su rudo compañero no tenga a bien compartirlos con ella. Por dura y fatigosa que sea esta vida, la rabona parece hallarse a su gusto. Cuando el soldado entra en el cuartel, ella le sigue y aún allí se encarga de los cuidados domésticos. Si de nuevo se da la orden de partir, se pone alegremente en camino. La marcha de un Ejército Peruano escoltado por esas mujeres intrépidas se asemeja a una de esas migraciones de los antiguos pueblos indios arrojados de su territorio por las usurpaciones de la raza blanca. No son regimientos, son poblaciones íntegras, andinas y cobrizas, las que un general peruano arrastra tras de sí, en espantosas, formidables y espectaculares marchas, inauditas para el soldado europeo”.
concubinas del soldado, las rabonas están con él en todas partes y lo siguen en sus marchas mas penosas, llevando a veces un hijo sobre los hombros y otro suspendido a sus vestidos (espalda). Se ha visto al Ejército Peruano comandado por el general aymara Santa Cruz Calahumana recorrer hasta veinte leguas por día, entre las montañas, sin que jamás lo abandonaran las mujeres. Esta perseverancia es en realidad notable. La rabona es, con todo, más bien la esclava que la mujer del soldado. Golpeada, maltratada muy a menudo, no toca ni siquiera los alimentos que ella misma ha preparado, mientras que su rudo compañero no tenga a bien compartirlos con ella. Por dura y fatigosa que sea esta vida, la rabona parece hallarse a su gusto. Cuando el soldado entra en el cuartel, ella le sigue y aún allí se encarga de los cuidados domésticos. Si de nuevo se da la orden de partir, se pone alegremente en camino. La marcha de un Ejército Peruano escoltado por esas mujeres intrépidas se asemeja a una de esas migraciones de los antiguos pueblos indios arrojados de su territorio por las usurpaciones de la raza blanca. No son regimientos, son poblaciones íntegras, andinas y cobrizas, las que un general peruano arrastra tras de sí, en espantosas, formidables y espectaculares marchas, inauditas para el soldado europeo”.
montañas, sin que jamás lo abandonaran las mujeres. Esta perseverancia es en realidad notable. La rabona es, con todo, más bien la esclava que la mujer del soldado. Golpeada, maltratada muy a menudo, no toca ni siquiera los alimentos que ella misma ha preparado, mientras que su rudo compañero no tenga a bien compartirlos con ella. Por dura y fatigosa que sea esta vida, la rabona parece hallarse a su gusto. Cuando el soldado entra en el cuartel, ella le sigue y aún allí se encarga de los cuidados domésticos. Si de nuevo se da la orden de partir, se pone alegremente en camino. La marcha de un Ejército Peruano escoltado por esas mujeres intrépidas se asemeja a una de esas migraciones de los antiguos pueblos indios arrojados de su territorio por las usurpaciones de la raza blanca. No son regimientos, son poblaciones íntegras, andinas y cobrizas, las que un general peruano arrastra tras de sí, en espantosas, formidables y espectaculares marchas, inauditas para el soldado europeo”.
dura y fatigosa que sea esta vida, la rabona parece hallarse a su gusto. Cuando el soldado entra en el cuartel, ella le sigue y aún allí se encarga de los cuidados domésticos. Si de nuevo se da la orden de partir, se pone alegremente en camino. La marcha de un Ejército Peruano escoltado por esas mujeres intrépidas se asemeja a una de esas migraciones de los antiguos pueblos indios arrojados de su territorio por las usurpaciones de la raza blanca. No son regimientos, son poblaciones íntegras, andinas y cobrizas, las que un general peruano arrastra tras de sí, en espantosas, formidables y espectaculares marchas, inauditas para el soldado europeo”.
migraciones de los antiguos pueblos indios arrojados de su territorio por las usurpaciones de la raza blanca. No son regimientos, son poblaciones íntegras, andinas y cobrizas, las que un general peruano arrastra tras de sí, en espantosas, formidables y espectaculares marchas, inauditas para el soldado europeo”.


Por logística se entiende la técnica del avituallamiento del Ejército en campaña como en guarnición.
El sistema logístico prehispánico se basaba en la red caminera, los tambos, la llama (como medio de transporte de carga así como reserva alimenticia) y los víveres deshidratados (chuño y charqui) que posibilitaron la expansión del Tahuantinsuyo.

DEL “CERO BAJAS” AL “DESIERTO ABRUMA”
Una referencia de éste sistema la observamos en la marcha qua hiciera, con “cero bajas”, el Ejército de Almagro y Paullo desde Copiapó hasta Moquegua por el itinerario costero del desierto de Atacama, a su retorno de “Chili”. Referimos que el itinerario de ida (realizado por la sierra y en pleno invierno) elegido por Almagro pese a las advertencias de Paullo(1), había costado la pérdida de las 2/3 partes del Ejército incluido el “fardaje”(2). Es recién para el retorno que Almagro -escarmentado- hace caso a Paullo, y en donde se pone en evidencia, no obstante la crisis por la que atra-vesaba(3), la efectividad de la maquinaria logística incaica: Reconocimientos de itinerario, despeje de caminos, limpieza y mantenimiento de pozos, confección de odres para transportar agua, cálculo de necesidades de víveres para tantos días, determinación de puntos de abastecimiento, etc, es decir: “Se mandó que se juntase todo lo necesario para las 80 leguas de despoblado” (Garcilazo).
Constátese pues, una eficacia logística que permitió lo que 350 años después no logró el Ejército Aliado Peruano-Boliviano en ese mismo Teatro de Operaciones. Recordemos la retirada de Camarones: “Ejército se niega seguir adelante. Desierto abruma” o la heroica marcha del EP desde Tarapacá a Arica, cuya crónica da la impresión que describiera la marcha de un Ejército por tierra extraña y no en su propio país.

“PARTÍA EL ALMA...”
Luego de ininterrumpido batallar de casi medio siglo -desde la guerra civil entre Huáscar y Atahualpa hasta la caída de Vilcabamba en 1572- el sistema logístico incaico, inmerso en la hecatombe del mundo andino, colapsaría sin llegar a ser remplazado en cuanto sistema. Ante este vacío surgiría la rabonería como recurso logístico para la manutención de las tropas en campaña.
El colapso de la economía, la subsecuente hambruna, las epidemias y la mortandad bélica, habían erosionado de tal forma el núcleo familiar cobrizo, que una de los medios para su sobrevivencia consistía en que la mujer tuviera que seguir, al paso de la infantería, al cónyuge enrolado en aquellos ejércitos errantes; tal y conforme lo fueron (desde 1532 hasta fines del siglo XIX) los ejércitos virreinales y republicanos(4).
Reparemos que una de las características del modus operandi militar entre el s. XVI hasta fines del s. XIX, son las casi incesantes campañas bélicas (conquistas, “entradas”, rebeliones, revoluciones, caudillismos, guerras internacionales, etc) que implicaban permanentes movimientos de tropas nativas (auxiliares, “de servicio” o estrictamente combatientes) cuyas extensas marchas y contramarchas comprendían itinerarios, por lo normal, de miles de kilómetros y en donde el avituallamiento diario, dado el vacío logístico, simplemente se basaba en “vivir de la comarca”, que a menudo consistía en el saqueo.
En función a la necesidad individual de su ser querido aparecía la rabona: Durante los estacionamientos: acopiando leña y víveres, acomodando el “lugar” para pasar la noche, preparando el rancho “familiar”, acarreando agua y mitigando el libido del soldado-compañero. Durante las marchas: “A retaguardia de la retaguardia” del Ejército (o sea, como su “rabo”): transportando todo aquello que la milicia de entonces no podía proporcionar a su tropa: Mantas, útiles de rancho, la olla familiar (ante la inexistencia de la paila común de tropa), vendajes, parte de la dotación individual de munición y a veces hasta el fusil mismo. Son dramáticas y en verdad constituyen un monumento a la mujer andina las descripciones que se tienen de la rabonería (5): “Cuando ascendía la cuesta (del Intiorco), era conmovedor el espectáculo que ofrecían unas 300 a 500 rabonas, descendiendo hacia Tacna con sus hijos a la espalda, sus ollas de comida en la mano, las lagrimas en los ojos y una queja dolorida en los labios. Media hora después llegaba al campo de batalla (Alto de la Alianza)” (capitán argentino Florencio del Mármol - Agregado al Estado Mayor boliviano).
“Partía el corazón ver aquellas pobres mujeres, aquellas desgraciadas criaturas, marchando por el arenal acosadas por el hambre y la sed. He presenciado escenas dolorosísimas” (Retirada del EP de Tarapacá - Diario “La Patria”/ Corresponsal de Guerra: Benito Neto - DIC 1879).
“Los soldados (peruanos) llevan consigo sus rabonas. Ellas son las que preparan el campamento, se procuran el rancho con el pre diario y hacen la comida. Llevan sus hijos sobre sus hombros y los utensilios de cocina que pueden. Son verdaderas bestias de carga que soportan con resignación su miserable suerte” (Tte. francés E. Le Lion - Agregado al Estado Mayor chileno en la Campaña de Lima - Colección Ahumada Moreno).

“MALA” COSTUMBRE
Tenían estos Ejércitos en campaña tanto de muchedumbre como de milicia, lo cual, dado el contraste con la organización militar europea, impactaba al oficial extranjero recién llegado al país. El mismo virrey La Serna, como refiere el historiador español Mariano Torrente, tuvo que desistir de su intención de “europeizar a imagen y semejanza” al Ejército Virreinal, al pretender suprimir (entre sus “malas costumbres”) la rabonería: “El Gral. La Serna recibió al llegar al Perú iguales impresiones quo el Gral. Morillo. Acostumbrados ambos a la táctica europea y a la brillante disciplina y elegante porte de sus tropas que habían combatido a Napoleón, no miraron al principio a las de América con todo el aprecio a las que eran acreedoras. Trataron de hacer reformas que fueron poco favorables a la causa real. Los soldados peruanos eran desaseados en su traje; de groseras costumbres, poca elegancia en el porte y finalmente de un modo de servir enteramente diverso al de los europeos. Eran seguidos por un enjambre de mujeres, propias y ajenas, dedicadas a buscarles comida y tenerla preparada, precediéndoles en sus marchas y fomentando en ellos la intemperancia. Presentaban a primera vista una masa informe y ridícula con solo el nombre de Ejército, y todo el aparato de una población ambulante. Varias veces intentaron los jefes realistas introducir una reforma a esta costumbre, pero tuvieron que renunciar al ver los malos efectos que producía. La modestia natural de los soldados, su timidez aparente, su color cobrizo, accidentes del clima e interpolaci6n de castas formaban un contraste demasiado visible con el brío de los soldados europeos, mas el pomposo aparato de los europeos no bastaba para hacer la guerra en los Andes. Muy pronto se desengañaron los jefes realistas y dieron la preferencia a las tropas del país”.

RABONAS Vs. CANTINERAS
La rabonería constituía el fiel reflejo de la condición de la mujer de los estamentos populares, víctima de una triple desconsideración: Como india, como pobre y como mujer. Su miseria e informalidad contrastaban con el status de las “madelonas” francesas, así como con el de las cantineras chilenas, las cuales eran reconocidas mediante contrato de manera formal entre los efectivos de sus respectivos ejércitos.
Mientras que las anónimas muchedumbres de rabonas cobrizas (peruanas y bolivianas) se desplazaban a pie, con niños y carga, las cantineras chilenas -blancas (en su mayoría) y mestizas- lo hacían sin mas carga que sus enseres personales para su labor sexual (que actualmente denominaríamos “Clase VII” o “visitadora”) montadas en sus respectivas abal
 

gaduras. Recordemos que en Tarapacá, Cáceres terminaría dirigiendo dicha acción montado en la mula de una cantinera chilena: “Se encontró una mula ensillada con una montura de mujer, seguramente de alguna de las cantineras chilenas. La bestia fue alcanzada por uno de mis ayudantes que, cambiándole de silla, me la ofreció para cabalgar, pues mi caballo, herido en el combate, estaba inutilizado. Oportuno ofrecimiento” (Cáceres: “Memorias”).
Esta cantinera (“amorosa”) tendría una serie de deferencias -impensables para con las rabonas- según narraría el corresponsal de guerra del periódico “La Patria”: “Condolido el Gral. Buendía de que la amorosa hiciera la marcha a pie, ordenó le dieran una bestia (que eran tan escasas que no abastecían para el transporte de los heridos). La fulana no quiso aceptarla mientras no la trajeran aparejada con una montura conveniente a su sexo: ¿Cómo quieren, exclamó escandalizada, que me ponga en ridículo yendo orquetada en esa mula?“
No se pretende sugerir una similitud entre la rabona y la cantinera. Eran substancialmente diferente la naturaleza de cada cual: La primera, en cuanto cónyuge del soldado, independientemente del desprecio de la que fue objeto, era en última instancia parte de lo que hoy en día podría denominarse “la familia militar”, por su parte, la cantinera cumplía una función eminentemente sexual, dada su condición expresa de prostituta. Pero, lo que sí se debe destacar, es la desconsideración hacia la mujer cobriza, que en definitiva era la extensión de la misma actitud despreciativa y racista de la cual eran victimas sus respectivos cónyuges, conformantes de la tropa en general y de la infantería en particular.

HEROICAS “NN”: SOLDADOS DESCONOCIDOS
Por último, la rabona, digna de todo encomio, terminaba anónimamente, sin considerársele siquiera como baja “NN” entre los cadáveres del campo de batalla, tal como refería, en 1882, Clement Markham: “En el combate se las ve atendiendo heridos (...) el agua que es tan escasísima en los arenales del Perú, más la rabona se ingenia para tener con que humedecer los labios del herido. Otras veces, en pos del ser querido, insensible a las balas que silban a su alrededor; indiferente a los peligros y al resultado de las armas, general-mente perecen en el campo de batalla”.
Y esta mortandad de nuestras rabonas, también tenía su faceta heroica y digna de resaltar, como en la batalla del Alto de la Alianza según narra el Corresponsal de Guerra del Periódico La Patria de La Paz: “25 de mayo de 1880: El entusiasmo del Ejército Aliado es indescriptible. Campero recorre la línea, proclamando a cada batallón una arenga. Los soldados enfermos han abandonado las ambulancias y vienen a reincorporarse. Gran número de tacneños vienen a pedir un puesto de combate, los más trayendo sus armas. Una de las bombas chilenas cae junto a una rabona boliviana, sin estallar. Ésta india la levanta y grita: ¡Kausachum Alianza!”

LA EXTINCIÓN
Es a inicios del s. XX que ésta expresión socio-militar, regida por la funcionalidad etnotáctica derivada del racismo de la respectiva y subdesarrollada “Sociedad Civil”... se extinguiría básicamente por 2 factores:
1.- El surgimiento y expansión de la red vial vehicular así como la tecnificación militar que implicaba la motorización en el desplazamiento de las tropas (ferrocarril, camión, avión, helicóptero): Simple y llanamente suprimían toda posibilidad de que las tropas en campaña, a la velocidad de la infantería motorizada, pudieran ser seguidas, al paso de la infantería a pie, por aquellos “enjambres de mujeres” conformantes de la rabonería.
2.- La profesionalización del Ejercito con la llegada de la Misión Militar Francesa en 1896, que sentaría las bases burocráticas hoy vigentes, particularmente con la organización de las regiones militares (RRMM), que “sedentarizaron” a aquellos casi autónomos “Ejércitos Errantes” (o caudillescos), lo cual implicó que además de tornarse innecesarias las clásicas grandes marchas (la última fue la que hiciera en 1909 el Cmdte. Benavides desde Chiclayo hasta el Caquetá), se propugnase -acorde con la mentalidad europea- un mínimo de “modernidad” en los cuarteles cuyo respectivo “confort” resultaba incompatible con el “folklórico espectáculo” que, según el historiador Basadre, representaban aquellas “misérrimas indias”: “El establecimiento de comodidades en aquellos cuarteles, la preparación del rancho por soldados rancheros, que desterró a las rabonas, crearon un ambiente distinto al de antaño”.
Pero el hecho histórico, es que la más grandes glorias del EP, se deben en parte importantísima, al sacrificio de nuestras compañeras “rabonas”, tal como lo demostraron en La Breña: La más grande y victoriosa Campaña Militar efectuada por el EP... Obviamente de la vertiente de Manco Cápac y Mama Ocllo.

1. “Siguió el camino de la sierra, huyendo del consejo de Paullo, teniéndolo antes por sospechoso que por fiel (...) aunque Paullo le dijo que ese camino se hacía solo en cierto tiempo del año, cuando había menos nieve en las abras de aquella brava cordillera nevada” (Garcilazo)
2. “Perdieron el fardaje, no porque se lo quitasen los enemigos, sino porque se murieron los indios que lo llevaban. Murieron más de 350 españoles (de los 800) y heláronse (de los 15,000) más de 5,000 indios” (Gracilazo)
3. “Paullo dio cuenta a Almagro que el camino de la costa, después de las guerras entre Huáscar y Atahualpa, se había cerrado” (Garcilazo).
4. Propios de un teatro de operaciones extenso y accidentado como el andino, cuyos necesarios puntos de tránsito (Cajamarca, Jauja, Huamanga, Cusco, Chuquisaca, Lima, etc) determinaban la existencia de una extraordinaria infantería a pie.
5. Cuya iconografía mas difundida la tenemos en el desmoralizador cuadro del “repase” que muestra a la rabona (y su niño de pecho) implorando por el cadáver del marido-soldado a punto de ser repasado por un soldado enemigo.


¿RABONERÍA INCAICA? FALSO

Existe la opinión que la rabonería se originaría con los ejércitos incas, tal como sugieren autores europeos como el par de franceses Botmiliau y Sartiques en el s. XIX, y recientemente el compatriota Waldemar Espinoza (“Acerca de la historia militar inca” - 1980): “Las mujeres eran incluidas en el sector servicios, haciéndolas participar en las marchas, a retaguardia, para cumplir tareas en provecho de la tropa. Lo que no está dilucidado es el grado de parentesco y/o amistad de estas mujeres con los soldados. ¿Esposas o amantes? ¿O constituían una muchedumbre de hetairas mantenidas por el Estado? Pero lo que si se sabe es que sumaban miles; solo en el campamento de Atahualpa ascendían a mas de 5 mil y en el Ejército de Kiskis a 4 mil”.
Precisemos que ningún cronista (europeo, mestizo o indio) al tratar sobre el modus operandi del Ejército Incaico, refiere la existencia de la rabonería. Es más, Garcilazo es categórico en negarlo: “en la guerra, las mujeres no andaban en ella con sus maridos” (Cap. XIII / Libro 2do - 2da. parte de los Comentarios Reales). En el caso de las 5 mil mujeres en el real de Atahualpa, así como las 4 mil en el Ejército de Kiskis, éstas (luego de una guerra civil) eran más exactamente cautivas o botín capturado al derruido régimen huascarista: “Más de 4 mil indias e indios de servicio, que venían forzados en el ejército de Kiskis” (Garcilazo).
La rabonería surge, reiteramos, por 2 factores convergentes:
1.- Suplemento al colapso del sistema logístico incaico.
2.- Forma de supervivencia del núcleo familiar incaico, ante el colapso-cataclismo del modo de producción tahuantinsuyano, en medio de un caos de guerras, enfermedades y hambrunas que en incesante asolamiento de 40 años (1532 / Cajamarca 1572 - Vilcabamba) arrasan con las 9/10 partes de la población incaica.
La rabonería fue, simplemente, un mecanismo de autodefensa cultural, así como en otros campos lo fueron el Taqui Onkoy o las rebeliones tupacamaristas y pumacahuistas...