Santacruz, Sánchez Cerro y Felipillo: Cholos en el Poder
TOLEDO: “0” EN HISTORIA

“A mí me ha tomado 500 años llegar a ser presidente democráticamente electo” (Felipillo ante el Presidente del Banco Mundial, James Wolfenson, en Urubamba)

Antauro Humala Tasso

EL CHOLO “DICTADOR”
Como bien se sabe, Felipillo, ignorante de la historia nacional, desconoce que en la década de 1930 el Cmdte. Sánchez Cerro resultó electo Presidente Constitucional en 1ra. Vuelta, derrotando al “favorito” Haya de la Torre.
Y ese Presidente democráticamente electo, fue tan o más cholo que el actual. Fijémonos como lo describió el propio Basadre: “Piérola, el aristócrata de gustos refinados, Billinghurst de apellido británico y Leguía, blanco puro. Ni en el tormentoso s. XIX hubo nadie que pareciera con piel tan peruana y tan del pueblo como Sánchez Cerro. Además ayudaba a Sánchez Cerro el hecho que aparecía como el hombre común, cobrizo, en contraste con Haya de la Torre, blanco puro cuyos blasones trujillanos se remontan al s. XIX. El piurano era cholo, cetrino y pudo constituirse en el adalid de las clases oprimidas”.
Respecto a Sánchez Cerro, éste se sublevó en Arequipa en 1930, logrando derrocar al Gobierno Dictatorial de Leguía (“El Oncenio”). Una vez arribado a Lima por vía aérea, en un bimotor piloteado por Elmer Faucett, Sánchez Cerro nombra un Gabinete conformado por mayores, comandantes y ciertas personalidades civiles patrocinadas por Bustamante y Rivero.
Pues bien, esa Junta de Gobierno convoca inmediatamente a elecciones democráticas, en las que se presentan una serie de candidaturas entre ellas la del APRA.
Sánchez Cerro deja la presidencia y desactiva su Junta de Gobierno, la cual es remplazada por un Gobierno Provisional. Una vez en el llano, el cholo piurano funda el partido Unión Revolucionaria que arrasa la votación: ¡Ha sido el único Presidente Democráticamente electo en 1ra. Vuelta!
Claro que Sánchez Cerro, carente de ideología, terminó sirviendo los intereses de la troglodita Derecha Criolla... Masacrando a los rebeldes apristas que se inmolaron en Trujillo, traicionados por el Alto Mando de su Partido. Pero obviamente no llegó, ni por asomo, al entreguismo y traición del mísero que actualmente soportamos como Presidente, sirviente de extranjeros, principalmente chilenos.

EL CHOLO JETÓN
El caso de Sánchez Cerro, se asemeja “étnicamente” al caso del Mariscal Andrés de Santa Cruz Calahumana, de un siglo antes (s. XIX): “Salaverry es blanco, Santacruz mestizo y en muy contadas ocasiones la sonrisa pliega su boca lampiña. El color de Santacruz era cobrizo, de cholo, detalle que no dejaron de lado sus enemigos” (Basadre).
Dado que Santacruz, enarboló los estandartes etnonacionalistas que propugnaron la reunificación del Bajo y Alto Perú, fue atacado con saña por la clase criolla prochilena Occidental y Pizarrista:

“¡Que viene, que viene, el cholo jetón!
Limeñas, la boca se apreste a cantares a ricos manjares de cancha y de coca.
Que ves salir la momia de su abuela de una huaca,
que llamando al hijo: Oh tú ¿Porquí el Bolivia dejas?
¿Porquí boscas la Pirú?
¿Piensas bañar la Chorrillos porque entraste la Cosco?”
Santacruz Calahumana, efectivamente era hijo de la Cacica de Huarina (pueblo a orillas del Titicaca) Basilia Calahumana de la alta alcurnia aymara.

EL CHOLO “FELIPILLO”
Por consiguiente Toledo, en todo caso es étnicamente el 3er Mandatario cobrizo, desde el asesinato de Atahualpa. Pero carente de la mínima ideología nacionalista, acomplejado en grado excepcional e ignorante de “su” historia, sólo puede degenerar en lo que es: Un despreciable Felipillo, o sea un traidor a su pueblo, estirpe e historia.


Entre Ñahuimpuquio y Tarma: Recuerdos de la “Mamay Grande”
CABEZAS TROFEO Y COMBATE DE TARMATAMBO

En sus “Recuerdos de la Campaña de la Breña”, Antonia Moreno de Cáceres, esposa del Tayta, narra la experiencia vivida, junto a sus 3 pequeñas hijas, acompañando a su esposo –el Tayta Cáceres- durante las marchas y contramarchas de aquella Gesta. Normalmente ellas se desplazaban, con escolta,
“una jornada adelante” del grueso del Ejército de la Breña, permanentemente en movimiento. En este extracto, narra su experiencia en la 3ra Campaña del Centro, previa a la marcha cacerista al Callejón de Huaylas.

“COMO HEMOS CASTIGADO”
“Pasamos a Ñahuinpuquio, aldea de Marcavalle, célebre por los encarnizados combates que libraron los breñeros contra las fuerzas enemigas que fueron derrotadas. A consecuencia del desborde chileno, la indiada estaba enfurecida. Relataban los incendios de sus chozas, el robo de su ganado, el ultraje a sus mujeres así como la feroz venganza ejercida, pues habían decapitado a los chilenos muertos en la batalla y ensartado las cabezas en sus rejones, colocándolas a la entrada del pueblo, como escarmiento.
Cuando llegamos, se hallaban aún excitadísimos. Sin embargo, me recibieron con gran acatamiento, y, después de relatarme sus hazañas, se empeñaban en mostrarme sus trofeos de guerra. Orgullosos y fieros, me decían: “Ven, mamay, para que veas cómo hemos castigado a los “chalinos” que nos han asaltado; ven a ver sus cabezas en las picas. Las hemos puesto fuera del pueblo, para que todos sepan lo que haremos con los enemigos de nuestra tierra”.
Esta espantosa escena me horrorizaba y tuve que emplear la más fina diplomacia para evadir ese espeluznante espectáculo. Trabajo les costó a los ayudantes que nos acompañaban convencerlos de que la “mamay grande” (como ellos me llamaban) se hallaba en estado delicado y podía perder al niño que gestaba, si recibía tan fuerte impresión. Desde ese momento los feroces indios dejaron de insistir y decidieron que yo, en adelante, no debía caminar a pie para no fatigarme, sino llevada por ellos en silla de manos.
Este contraste entre fiereza y cortesía, revela la psicología del indio: De un lado sus hechos crueles cuando se les ultraja; de otro lado, su bondad y cariño cuando se les trata humanamente. Ahí podía rememorarse los gestos heroicos y fieros de los grandes capitanes incaicos, llevando como trofeos las cabezas de los vencidos. En Ñahuinpuquio la espantosa escena fue una reminiscencia atávica.

EL EJÉRCITO CHOLO
Yo había quedado aún delicada, después del desgraciado alumbramiento que tuve en Tarma y que casi me costó la vida. Empezaba a reponerme, cuando Cáceres tuvo que emprender nueva campaña, porque los chilenos, después de la batida que les había dado empujándolos hasta el Rímac, volvían con tropas frescas y mas numerosas, “para terminar (decían ellos) con el Ejército Cholo”.
Con los triunfos nuestros en Marcavalle, Pucará y Concepción, se había levantado, aún más, el espíritu tarmeño. El Crl. Santa María había sido enviado a Canta, para defender esa quebrada y los guerrilleros vigilaban el avance enemigo. Pero Santa María frustró el plan al retroceder hasta Tarma. Cáceres, quien estaba en Chosica se vio obligado a replegar su Ejército para no ser copado.
Mientras en las quebradas de Canta y Huarochirí nuestros guerrilleros mantenían encarnizados combates para retardar las avanzadas enemigas, yo en Tarma me reponía lentamente.

CÁCERES ENFERMO
En seguida, llegó nuestro Ejército y con él Cáceres, muy enfermo del riñón, a consecuencia de haber permanecido a caballo 3 meses sin descanso. Él llega a Tarma en tal estado que no pudo moverse de la cama en varios días. No pude ofrecerle más comodidades que un colchón en el suelo; pues en vísperas, mis hijitas y yo, de volver a emprender la retirada, acababa de enviar todo mi equipaje al interior de la región del Centro. Mi marido estaba tan deshecho, que aplacé mi viaje a Ayacucho y me consagré a su cuidado hasta que el médico me dijo que únicamente aplicándole un fuerte remedio podría levantarlo; pero que sólo bajo mi responsabilidad se lo daría. Entonces yo, que veía a los chilenos casi en las puertas de Tarma, le dije: “Dele doctor la medicina, no sea que el enemigo llegue y cojan al Ejército sin jefe”.

COCA, PONCHO, HONDA Y REJÓN
Dios quiso que los chilenos demorasen 8 días; pero una noche se presentó el Gral. Pedro Silva con sus guerrilleros y el batallón Tarma. Venían en retirada del paso del río Mantaro, cuya defensa se les había encomendado; pero, habiendo sido flanqueados, tuvieron que replegarse.
Al día siguiente, llegó un hermoso regimiento de bravos guerrilleros, armados de lanzas y rejones, para reforzar a los soldados de línea y a sus compañeros de Yauli. El desfile de esta falange de heroicos jóvenes fue imponente y conmovedor. Llevaban aire marcial y digno, usaban pantalón corto y camiseta gruesa, así como sus bolsas de COCA. Nosotras muy emocionadas los admirábamos desde los balcones de la jefatura, viéndolos marchar altivos y fieros, lanzando entusiastas “vivas” al Perú y al “tayta”. Hortensia, que era de temperamento sensible, emocionada con el gesto ardiente de los guerrilleros, corrió a postrarse ante la santísima Virgen y de rodillas, oraba y lloraba. Yo, impresionada, le pregunté: “Hortensia, ¿por qué rezas?, ¿por qué lloras?”. “Mamacita –me respondió- porque me dan mucha pena estos pobres indios; van para que los maten como a perros, no llevan balas para defenderse”. Yo le aclaré: “Dirás que los matarán como a héroes”. Y lloré con ella.
En esa madrugada se levantó Cáceres aún convaleciente, haciendo un esfuerzo para poner a salvo al Ejército Regular.
Los chilenos estaban sobre las alturas de Tarma, en las ruinas incaicas de Tarmatambo, batiéndose con nuestros valientes indios –atrevidos legionarios de poncho, honda y rejón- quienes, generosos, presentaban sus pechos desnudos para ayudar a sus hermanos, los soldados de Línea. En aquellas horas de pelea, en las alturas de Tarma, fueron ellos el escudo que libró al Ejército del Centro de un desastre. En esa refriega, murieron muchos de aquellos bravos patriotas y los que cayeron prisioneros fueron fusilados por el enemigo. A pesar de tales rigores, ellos no retrocedían y continuaban en su gesta patriótica”.